La recuperación del CEAR, la actividad del Complejo Cultural, la Manka Fiesta y el proyecto de zona franca permiten interpretar el rumbo que impulsa la gestión de Dante Velazquez. La oportunidad es convertir a La Quiaca en un centro de deporte, cultura e intercambio regional. Para lograrlo, los quiaqueños deben participar de esa transformación y encontrar oportunidades concretas en ella.
La Quiaca está reuniendo condiciones para ampliar sus oportunidades, y comprender ese rumbo es el primer paso para participar. La cancha de básquet climatizada del CEAR, renovada y adaptada e inaugurada durante la apertura de la Manka Fiesta, forma parte de una agenda que también abarca cultura, turismo, comercio y conectividad. Miradas en conjunto, estas iniciativas permiten reconocer una orientación de la gestión del intendente Dante Velazquez: recuperar capacidades de la ciudad y proyectarlas hacia la región. El desafío es que cada obra y cada proyecto encuentren un vínculo con la vida de los vecinos, con su trabajo y con las posibilidades de sus hijos.

El CEAR ofrece una base para desarrollar una nueva actividad alrededor del deporte. La Quiaca dispone de cancha de fútbol con césped natural a unos 3.400 metros de altura, pileta climatizada, pista de atletismo, dojo y una cancha de básquet recientemente puesta en condiciones. Son instalaciones que sirven a la comunidad y que, organizadas dentro de una propuesta integral, pueden permitir la recepción de delegaciones para entrenamientos y competencias. El esfuerzo de recuperación adquiere mayor sentido cuando los espacios tienen uso permanente, mantenimiento y oportunidades de acceso para los deportistas locales.

La posibilidad de posicionarse como destino de entrenamiento en altura también puede involucrar a muchos vecinos que trabajan fuera del ámbito deportivo. Una delegación necesita alojamiento, comida, transporte, lavandería, abastecimiento y asistencia durante su estadía. La cancha auxiliar de Juventud Católica y el hotel de turismo renovado amplían las capacidades disponibles. Para transformar ese potencial en actividad hacen falta acuerdos con instituciones deportivas, servicios confiables y coordinación. Los comerciantes, trabajadores y emprendedores quiaqueños pueden empezar a identificar qué ofrecen, qué necesitan mejorar y cómo asociarse para responder a una demanda que deberá construirse.
La cultura abre otro camino de participación. El Complejo Cultural Manka Fiesta permite reunir actividades, formación y espacios de encuentro que pueden fortalecer el trabajo de escritores, músicos, artesanos, diseñadores y cocineras. El desfile de tejidos realizado este domingo mostró una posibilidad cercana: creadoras de la región que exhiben sus piezas con el acompañamiento de jóvenes y familias. Detrás de cada presentación hay conocimientos, tiempo y esfuerzo. Dar continuidad a esas experiencias puede favorecer nuevos emprendimientos, siempre que existan condiciones para producir, mostrar y comercializar con una retribución justa.

La Manka Fiesta expresa la mayor fortaleza de esa identidad: un pueblo que conserva su capacidad de encontrarse, producir e intercambiar. Quienes llegan con sus ollas, sus alimentos y sus artesanías mantienen vínculos que atraviesan generaciones y unen a comunidades del mundo andino. Las gestiones para alcanzar el reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad buscan ampliar esa proyección, aunque la declaración todavía es un objetivo pendiente. Los quiaqueños tienen un papel irremplazable en ese camino: transmitir la historia, cuidar las prácticas, recibir a los visitantes y participar en las decisiones sobre una celebración que pertenece a su comunidad.
La zona franca puede abrir una etapa de mayor movimiento comercial y productivo, pero sus beneficios necesitan preparación local. El inicio de la construcción, esperado por la gestión municipal, deberá dar paso a distintas instancias antes de su funcionamiento. Mientras ese proceso avanza, corresponde abrir información sobre oportunidades laborales, capacitación, provisión de bienes y servicios y condiciones de participación para los emprendimientos de la ciudad. Una familia, un comercio o un joven que busca trabajo necesitan saber qué posibilidades podrían surgir y cómo prepararse. La expectativa puede convertirse en una herramienta útil cuando se acompaña de información clara y accesible.

Los vínculos con Bolivia y Chile permiten pensar a La Quiaca como un punto de articulación de la economía andina. La experiencia fronteriza de sus habitantes es una capacidad que merece reconocimiento: conocer circuitos, necesidades y formas de relacionarse tiene valor para cualquier proyecto regional. Desarrollar una función logística de mayor alcance exigirá infraestructura, acuerdos y servicios específicos. Allí pueden encontrar lugar transportistas, técnicos, profesionales y proveedores locales. La proyección internacional tendrá arraigo si se construye con quienes conocen el territorio y sostienen su actividad cotidiana.

El aeropuerto y el regreso del ferrocarril forman parte de ese horizonte, con requisitos y tiempos propios. Las gestiones por la operatividad aérea necesitan avanzar hacia condiciones y servicios sostenibles; la recuperación del ramal C requiere estudios, presupuesto y decisiones que incorporen expresamente el trayecto hacia La Quiaca. Son objetivos que pueden reunir a vecinos, instituciones, empresarios y comunidades alrededor de demandas compartidas. Acompañarlos supone pedir información, conocer los avances y sostener el reclamo ante las autoridades provinciales y nacionales. La conectividad es una necesidad para ampliar mercados, recibir visitantes y facilitar el movimiento de la población.

Para que los vecinos tomen protagonismo, la gestión debe ofrecer espacios concretos de participación y seguimiento. Un registro público de proveedores y emprendimientos locales, capacitaciones vinculadas con las actividades proyectadas, encuentros con clubes y organizaciones culturales y un calendario accesible de avances serían herramientas útiles. También permitirían escuchar necesidades y corregir dificultades. Participar requiere información y capacidad de incidir: saber qué se está haciendo, con qué recursos, para qué objetivos y de qué manera puede incorporarse la comunidad.

El próximo salto de La Quiaca necesita que su pueblo se reconozca como parte de la oportunidad. Los jóvenes pueden formarse para nuevos servicios; los artesanos, fortalecer su organización; los comercios, mejorar su oferta; las instituciones, construir acuerdos. Al municipio le corresponde coordinar, informar y facilitar ese proceso, junto con el acompañamiento provincial y nacional. El rumbo que reúne deporte, cultura y comercio deberá demostrar su valor en la vida diaria: más trabajo, espacios activos y posibilidades de crecer sin tener que abandonar la ciudad. La Quiaca tiene una historia de encuentro que la sostiene. Convertirla en un futuro compartido será una tarea de todos.
