En la apertura de la ancestral celebración, el gobernador Carlos Sadir destacó las obras municipales, reconoció el esfuerzo de las comunidades que sostienen la Manka Fiesta y acompañó su proyección internacional. También vinculó el futuro de La Quiaca con la zona franca y un objetivo concreto: más desarrollo y trabajo para la población.
“Con la zona franca, La Quiaca va a tomar otra dimensión”. La definición del gobernador Carlos Sadir marcó uno de los momentos centrales de su discurso durante la apertura de una nueva edición de la Manka Fiesta. Junto al intendente Dante Velazquez, autoridades y representantes de las comunidades andinas, el mandatario vinculó la celebración ancestral con las perspectivas de crecimiento de la ciudad fronteriza. Su intervención combinó reconocimiento a la gestión municipal, valoración de la identidad puneña y acompañamiento a una aspiración compartida: que La Quiaca fortalezca su lugar como punto de encuentro cultural y económico de la región.
Sadir dedicó un reconocimiento especial a los productores, artesanos y familias que hacen posible la Manka Fiesta, muchos de ellos provenientes de localidades y parajes alejados. “Muchos de ellos vienen haciendo sacrificios importantes para llegar acá”, expresó, al destacar el esfuerzo de quienes trasladan sus productos y comparten sus trabajos. También reparó en el valor del reencuentro: para algunos participantes, esta celebración representa la única oportunidad del año de volver a verse. Sus palabras pusieron en primer plano a quienes conservan el sentido profundo de la Manka: el intercambio, el trueque y los vínculos entre pueblos que encuentran en La Quiaca un espacio común.

El gobernador también expresó su respaldo a la proyección internacional del encuentro y reconoció el trabajo de promoción desarrollado por Velazquez. “Queremos que sea de carácter mundial”, sostuvo, al señalar que la celebración crece año tras año. En su mensaje destacó su alcance provincial y manifestó la voluntad de acompañar a la ciudad en una mayor difusión. Se trata de una aspiración que encuentra su principal fortaleza en la propia identidad de la fiesta: las ollas, las artesanías, los alimentos y los saberes que las comunidades acercan desde distintos puntos del cordón andino. La proyección hacia el mundo tiene allí su fundamento y su responsabilidad: preservar a quienes sostienen esa cultura.
La visita incluyó además un reconocimiento a las obras y a los espacios comunitarios de La Quiaca. Sadir destacó el piso flotante de la cancha de Básquet, valoró las instalaciones deportivas y la pileta climatizada, y felicitó a los trabajadores municipales. También celebró el Paseo de los Escritores como una forma de reconocer a quienes narran la historia local y regional. Sobre su aporte, afirmó que “nos tienen siempre en la memoria todo lo que es nuestra historia”. El reconocimiento reunió dos dimensiones necesarias para el crecimiento de la ciudad: infraestructura para la vida cotidiana y espacios que resguarden su patrimonio cultural.
Hacia el cierre, Sadir planteó la continuidad del trabajo con la comunidad educativa y las instituciones para construir una ciudad y una región con mayores oportunidades. “Más desarrollo, más trabajo para nuestra gente”, sintetizó. La zona franca apareció en su discurso como una expectativa de transformación de la actividad comercial y de la vida diaria de La Quiaca. La Manka Fiesta mostró, al mismo tiempo, una fortaleza que la ciudad ya posee: un pueblo capaz de convocar, producir y mantener vivos sus vínculos a través de generaciones. El desafío que dejan sus palabras es convertir ese potencial y los proyectos anunciados en oportunidades concretas para las familias de la frontera.
