Con la bienvenida del intendente Dante Velazquez y la presencia del gobernador Carlos Sadir, La Quiaca inauguró una nueva edición de su celebración ancestral. El gran protagonista fue el pueblo puneño: productores, artesanos y familias que mantienen vivo el intercambio, el trueque y una cultura que hermana a las comunidades del cordón andino.
La Quiaca volvió a reunir los caminos del mundo andino. Con sus ollas, sus tejidos, sus alimentos y sus historias, las comunidades dieron vida a una nueva edición de la Manka Fiesta, ese encuentro ancestral donde el intercambio también transmite conocimientos, afectos y memoria. El intendente Dante Velazquez dio la bienvenida y, junto al gobernador Carlos Sadir, dejó abierta la celebración, acompañado por autoridades, representantes de Bolivia, instituciones y visitantes. Pero el protagonismo perteneció al pueblo puneño: a quienes llegan desde distintos parajes y localidades para sostener una tradición que atraviesa generaciones y encuentra en La Quiaca su lugar de reunión.

La olla ocupa el corazón de esta fiesta como objeto de trabajo, alimento y encuentro cultural. Alrededor de ella, el trueque conserva una manera de relacionarse en la que cada producto lleva consigo el esfuerzo y los saberes de una comunidad. Sadir reconoció especialmente a quienes recorren grandes distancias para participar: “Muchos de ellos vienen haciendo sacrificios importantes para llegar acá”, expresó, al destacar el trabajo de quienes acercan sus productos y artesanías. También puso en palabras una dimensión profundamente humana de la celebración: para algunos participantes, esta puede ser la única oportunidad del año de reencontrarse. Allí reside una de las mayores fuerzas de la Manka: reunir a pueblos que se reconocen y mantienen sus vínculos.

La apertura también estuvo acompañada por obras y espacios destinados a la vida comunitaria. El gobernador destacó el piso flotante de la cancha de Vázquez, las instalaciones deportivas y la pileta climatizada, y valoró el reconocimiento a los autores locales en el Paseo de los Escritores. Sobre ellos señaló que “nos tienen siempre en la memoria todo lo que es nuestra historia”. La jornada enlazó así patrimonio, cultura y mejoras concretas para la ciudad. Para la gestión de Velazquez, el desafío es profundizar ese vínculo: que la proyección de la fiesta se traduzca en espacios cuidados, oportunidades para los productores y mejores condiciones para recibir a quienes llegan a compartir su trabajo.

La dimensión andina de la Manka Fiesta también proyecta a La Quiaca hacia una mayor presencia internacional. Sadir reconoció el trabajo de promoción del intendente y manifestó su acompañamiento a la aspiración de ampliar el reconocimiento de la celebración: “Queremos que sea de carácter mundial”, sostuvo. Esa expresión marca un objetivo que deberá construirse preservando aquello que hace singular al encuentro: sus protagonistas, sus prácticas y su identidad. La Quiaca, Puerta de América, expresa durante estas jornadas una integración que se vuelve palpable en cada puesto, en cada intercambio y en la convivencia entre comunidades argentinas y bolivianas.
En su mensaje, el gobernador también vinculó el futuro de la ciudad con la zona franca y sostuvo que La Quiaca “va a tomar otra dimensión”, con la expectativa de generar “más desarrollo, más trabajo para nuestra gente”. La Manka Fiesta ofrece una referencia para ese porvenir: una economía con vínculos humanos, participación de los productores y reconocimiento del territorio. La apertura dejó una imagen poderosa, con autoridades acompañando y el pueblo andino dando sentido a la celebración. El desafío será que esa riqueza cultural, sostenida durante generaciones, encuentre cada vez más oportunidades para quienes la mantienen viva.
