La limpieza conjunta del río internacional dejó una cifra que expone la magnitud del problema ambiental en la frontera: solo del lado argentino se recolectaron 595 bolsas de residuos, equivalentes a casi dos toneladas de basura. El ingeniero Saúl Bellido, director de Producción y Medio Ambiente de la Municipalidad de La Quiaca, advirtió que el desafío ya no es únicamente limpiar, sino sostener una política ambiental permanente frente a la contaminación, la presión sobre el agua y los efectos del cambio climático.

La intervención realizada el fin de semana entre La Quiaca y Villazón dejó una postal contundente: el río internacional puede recuperarse, pero también mostró el volumen de residuos que durante meses termina acumulándose en un espacio compartido por ambas ciudades. Bellido confirmó que del lado argentino se recolectaron 595 bolsas de consorcio, con un peso cercano a las dos toneladas, entre plásticos, pañales, botellas, neumáticos, escombros y restos de animales. El operativo se extendió desde el sector del ex matadero hasta la zona del Chorro y formó parte de una acción binacional que busca cortar una cadena de contaminación que no se detiene en la frontera. La problemática ya había sido advertida por ambas ciudades: los residuos del río pueden ser arrastrados aguas abajo y alcanzar sectores donde el agua es utilizada para actividades productivas.
El impacto ambiental de la jornada excede la cifra recolectada. La limpieza permitió recuperar visualmente sectores degradados, retirar materiales potencialmente contaminantes y reducir obstrucciones en el cauce, pero sobre todo puso en evidencia una realidad más profunda: durante años el río recibió residuos sólidos, quemas de pastizales y acumulación de escombros. Bellido sostuvo que ese comportamiento no puede naturalizarse y destacó el acuerdo alcanzado entre las autoridades de La Quiaca y Villazón para repetir el operativo varias veces al año. La intención es transformar una jornada extraordinaria en una política preventiva y sostenida.

La dimensión fronteriza vuelve especialmente importante esta decisión. El río internacional no pertenece ambientalmente a una sola ciudad: cualquier contaminación generada de un lado puede afectar al otro y continuar aguas abajo. Por eso, la coordinación entre La Quiaca y Villazón representa una experiencia de gestión ambiental compartida que puede adquirir relevancia regional. La Municipalidad de La Quiaca ya venía impulsando acciones de concientización sobre preservación de ríos, suelos, espacios verdes y arbolado urbano, mientras Bellido había señalado previamente la necesidad de sostener políticas de largo plazo frente al deterioro ambiental.
El responsable de Producción y Medio Ambiente agregó otra advertencia: la limpieza del río debe leerse también dentro de un escenario climático más exigente. Bellido planteó que los próximos meses pueden estar atravesados por mayores presiones sobre el agua, altas temperaturas, radiación ultravioleta intensa, evaporación y períodos de sequía. Más allá de que estos escenarios requieren seguimiento meteorológico y técnico permanente, el mensaje central es claro: una ciudad de altura no puede darse el lujo de contaminar el agua que después necesitará cada vez más proteger.

El desafío, entonces, no termina con retirar toneladas de residuos. Empieza después. Mantener limpio el río, controlar microbasurales, evitar quemas, mejorar el manejo de residuos, fortalecer el reciclaje y generar conciencia entre los vecinos requiere continuidad institucional y participación ciudadana. La basura recolectada fue trasladada al relleno sanitario local, donde posteriormente se realiza la separación de materiales recuperables, según explicó Bellido.
La experiencia del fin de semana deja una señal fuerte para La Quiaca y para Jujuy: la política ambiental puede producir resultados visibles cuando existe coordinación, planificación y continuidad. Un río limpio no es solamente una cuestión paisajística; significa proteger agua, suelo, producción, salud pública y calidad de vida. La limpieza conjunta entre La Quiaca y Villazón demuestra que la frontera puede ser también un espacio de cooperación ambiental y que recuperar el río internacional puede transformarse en uno de los ejes permanentes de integración entre ambas ciudades.
