Un grupo de quiaqueños residentes en San Salvador de Jujuy mantiene viva su pertenencia a la ciudad a través del fútbol. El equipo de veteranos categoría 55 del Club Atlético La Quiaca recibió un nuevo juego de camisetas con el acompañamiento de la Municipalidad, y decidió llevar en ellas referencias a la gestión de Dante Velazquez y a la Manka Fiesta. Más que una indumentaria deportiva, la camiseta se convirtió en una forma de decir de dónde vienen y qué lugar siguen sintiendo como propio.
Agustín Gerónimo explicó que buena parte del plantel está integrado por hombres nacidos o criados en La Quiaca que hoy residen en la capital provincial. Aunque el paso del tiempo obligó a sumar refuerzos, alrededor del 70% del grupo sigue siendo quiaqueño. “Ya estamos muy veteranos, pero seguimos ahí”, comentó entre risas, dejando ver que detrás de cada partido hay mucho más que competencia: hay memoria, amistad y una identidad que no se pierde con la distancia.

Los terceros tiempos son, en ese sentido, casi una extensión de La Quiaca. Allí aparecen las anécdotas de barrio, los recuerdos de juventud y las conversaciones sobre carnaval, Todos Santos, la Manka Fiesta y las costumbres que marcaron a varias generaciones. Cada visita de algún vecino de la ciudad renueva ese vínculo y transforma el encuentro deportivo en una pequeña reunión de residentes que siguen mirando hacia el norte con afecto.

La nueva camiseta refuerza esa identidad. Además del nombre del club, incorpora referencias a la Manka Fiesta, convirtiéndose también en una herramienta espontánea de promoción cultural. “Vamos a hacer propaganda para que la gente vaya a visitar La Quiaca”, señaló Gerónimo. El municipio acompañó la entrega de la indumentaria y el intendente Dante Velazquez cumplió con el compromiso asumido con el grupo, en una relación que también tiene un componente personal: ambos compartieron años atrás la pasión por el fútbol.
La historia de estos veteranos muestra cómo el deporte puede funcionar como puente entre territorio, memoria y pertenencia. Se puede vivir a cientos de kilómetros, jugar en otra liga y compartir cancha con gente de otros lugares, pero hay identidades que viajan con uno. En este caso, La Quiaca sigue entrando a la cancha cada fin de semana, escrita en una camiseta y sostenida por quienes todavía sienten que representar a su ciudad también es una forma de volver.
