En plena Manka Fiesta, la ciudad vuelve a mirar hacia sus raíces. Vecinos, referentes culturales y el municipio avanzan en la recuperación de la vieja estación ferroviaria y de piezas históricas que formaron parte del crecimiento de La Quiaca. El nuevo Paseo de los Poetas busca convertirse en un espacio de identidad, memoria y pertenencia.
La recuperación del patrimonio ferroviario de La Quiaca suma un nuevo capítulo con la puesta en valor del denominado Paseo de los Poetas, una iniciativa nacida del compromiso de vecinos que durante años conservaron objetos, historias y recuerdos vinculados a la antigua estación. Desde el municipio destacaron que el proyecto no nació únicamente desde la gestión, sino también desde la generosidad de personas que entendieron que ese patrimonio pertenece a toda la comunidad.

Entre los nombres mencionados durante la presentación aparecen Carlos, Pancho, Mario Fidel Tolaba, el concejal Silvano Velázquez y también Domenencia, recordado como el último jefe de la estación ferroviaria. Gracias al resguardo de distintas piezas, hoy vuelven a aparecer elementos que parecían perdidos y que comienzan a ocupar nuevamente el lugar que les corresponde dentro de la historia local.

Uno de los referentes resumió el valor simbólico de la estación con una frase contundente: “Es el ombligo de La Quiaca”. Recordó que las vías del ferrocarril funcionaron como un verdadero cordón umbilical para la ciudad, conectándola con el resto del país y permitiendo su crecimiento. “Si no hubiera estado el ferrocarril, La Quiaca no sería lo que es hoy”, sostuvo.
El trabajo de recuperación ya permitió rescatar una antigua campana de bronce, bancos instalados en las primeras décadas del siglo pasado, un reloj histórico y otros elementos ferroviarios. También existe una zorra ferroviaria que se proyecta incorporar al paseo. La aspiración es que este espacio siga creciendo y que otras personas que aún conservan objetos de la estación puedan devolverlos a la comunidad para integrarlos a este patrimonio colectivo.

La iniciativa tiene además un fuerte contenido simbólico. No se trata solamente de exponer piezas antiguas, sino de reconstruir una parte de la memoria emocional de generaciones que viajaron, recibieron encomiendas, esperaron familiares o vieron crecer a La Quiaca alrededor de sus vías. La historia del tren es también la historia de una ciudad fronteriza que aprendió a conectarse con el país y con la región.
El municipio acompañará este proceso con la inauguración formal del Paseo de los Poetas, entendiendo que preservar la identidad también es una forma de construir futuro. La Quiaca vuelve así a poner en valor una certeza que atraviesa toda su historia: el desarrollo no empieza olvidando lo que fuimos, sino reconociendo aquello que nos convirtió en lo que somos.
