En el Primer Encuentro de Maestros Rurales realizado en el Complejo Cultural Manka Fiesta, el intendente de La Quiaca brindó un discurso cargado de reconocimiento, memoria personal y defensa de la ruralidad. Velázquez pidió que el homenaje a los docentes no quede reducido a septiembre y cuestionó los centralismos que históricamente relegaron a quienes enseñan en las zonas más alejadas.
El intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, fue uno de los protagonistas del Primer Encuentro de Maestros Rurales realizado en el Complejo Cultural Manka Fiesta, donde recibió a docentes de distintas escuelas de la Puna y dedicó un extenso mensaje a reconocer una tarea que, según remarcó, implica dejar “parte de la vida” en cada comunidad. El jefe comunal puso el acento en quienes transitaron décadas de enseñanza, en los docentes próximos a jubilarse y en aquellos que atravesaron etapas especialmente difíciles, como la pandemia, sosteniendo no solo la educación de niños y niñas sino también el vínculo con sus familias.

Velázquez sostuvo que este primer encuentro no debería convertirse en una actividad aislada ni quedar circunscripto al mes de septiembre. Si bien reconoció el valor simbólico del Día del Maestro, planteó que la labor docente merece una mirada permanente. En ese tramo también expresó una posición personal sobre Domingo Faustino Sarmiento, a quien definió como una figura controvertida y con aspectos que no comparte, aunque señaló que su figura permite proyectar la discusión sobre lo que representa el maestro en la sociedad. Desde allí, el intendente desplazó el homenaje desde una efeméride hacia una reflexión más amplia sobre el reconocimiento que reciben quienes educan.
Uno de los momentos más personales del discurso llegó cuando recordó su adolescencia y una experiencia vivida en un encuentro juvenil de mediados de los años 80. Velázquez relató que, siendo todavía muy joven, recorrió zonas rurales y quedó impactado por las condiciones que observó en algunas escuelas, particularmente al ver niños que debían compartir camas y dormir atravesados por falta de espacio. Esa experiencia, contó, lo llevó a escribir sobre la ruralidad y posteriormente a participar de instancias provinciales, nacionales y latinoamericanas. También recordó que al regresar fue cuestionado por haber expuesto aquellas situaciones, algo que definió como una experiencia que quedó “como un fuego” en su memoria.

A partir de ese recuerdo, Velázquez trazó un fuerte reconocimiento a los docentes rurales y a la capacidad de sostener comunidades en territorios donde las distancias, las dificultades materiales y el aislamiento hacen más exigente cada jornada. “Créanme que me siento muy orgulloso de todos ustedes”, expresó, y señaló que el crecimiento de los pueblos se construye desde el interior. En ese sentido, volvió a marcar una de sus posiciones políticas más recurrentes: su rechazo a los centralismos, tanto nacionales como provinciales, cuando concentran recursos, decisiones y oportunidades lejos de quienes viven y trabajan en las regiones más alejadas.
El intendente también vinculó la tarea docente con valores que considera indispensables para la vida comunitaria: solidaridad, empatía, respeto, humildad y honestidad moral e intelectual. Según sostuvo, buena parte de la vida que los maestros rurales entregan en las escuelas termina depositada en el crecimiento de los niños y niñas que mañana tendrán la posibilidad de construir un destino mejor. El mensaje tuvo así un contenido político y humano: reconocer que el docente rural no solo enseña contenidos, sino que muchas veces sostiene vínculos, acompaña problemas familiares y se convierte en una referencia central para comunidades enteras.
Hacia el final de su intervención, Velázquez amplió la mirada hacia las problemáticas que atraviesan a adolescentes y jóvenes. Mencionó el proyecto presentado por una embajadora estudiantil, orientado a trabajar sobre vocación, acompañamiento y crisis juveniles, incluyendo temas como bullying y suicidio. Señaló que esa propuesta fue tomada por el municipio y transformada en un decreto, con la intención de remitirla también a las autoridades educativas. “No solamente tenemos que preocuparnos, sino ocuparnos”, resumió. Con esa idea cerró una intervención que combinó reconocimiento, crítica al centralismo y una reivindicación concreta de los maestros rurales como actores fundamentales del presente y del futuro de la Puna.
