La gestión del intendente Dante Velázquez viene consolidando en La Quiaca una política sostenida de capacitación, formación en oficios y acompañamiento a pequeños emprendedores. A través de la Secretaría de Desarrollo Social, conducida por la licenciada Analía Mur, el municipio desplegó durante 2026 cursos de resina, albañilería para mujeres, ayudante de cocina, herrería, peluquería, sublimación, gastronomía y otras propuestas orientadas a transformar conocimientos en ingresos. La decisión política detrás de esa agenda es clara: que cada vecino que se capacita pueda dar el paso siguiente y convertirse en productor, comerciante o prestador de servicios.
Velázquez ha intentado llevar esa idea más allá del formato tradicional de un curso municipal. En las últimas jornadas introductorias de capacitación planteó que quienes aprendan sublimación, gastronomía, tejidos u otros oficios puedan organizarse, asociarse y avanzar hacia pequeños emprendimientos o incluso micro-PYMES. También comprometió acompañamiento municipal para cuestiones que suelen convertirse en barreras para quien recién comienza: organización, herramientas, comercialización, monotributo, facturación y adquisición de equipamiento. El objetivo es que la capacitación no termine cuando se entrega un certificado, sino que tenga continuidad económica.
Los primeros impactos comienzan a verse. Analía Mur destacó especialmente la experiencia de los talleres de resina, que ya sumaron varias ediciones con cupos completos y permitieron que participantes comenzaran a comercializar lapiceras, souvenirs y otros productos. Según la funcionaria, para algunas vecinas esos ingresos ya funcionan como complemento concreto de la economía familiar. La próxima etapa será incorporar formación en emprendedurismo y finanzas, con una jornada prevista para el 25 de septiembre destinada a enseñar inversión, recuperación de capital, organización de costos y comercialización. Es un salto cualitativo: aprender a producir es importante; aprender a sostener económicamente lo producido es lo que puede transformar un oficio en trabajo.
La política también comienza a conectarse con espacios concretos de comercialización. A comienzos de septiembre, Velázquez recibió a más de diez mujeres dedicadas a la venta ambulante de comidas en inmediaciones del Mercado Minorista y confirmó que serán incorporadas al proceso de reorganización del sector. La decisión apunta a mejorar sus condiciones de trabajo y reconocer una economía popular que ya existe en la ciudad. Esa articulación entre capacitación y espacios donde vender es decisiva: el emprendedor necesita conocimientos, pero también mercado, infraestructura y oportunidades para encontrarse con consumidores.
El municipio viene sosteniendo además una política territorial que utiliza los oficios como herramienta de inclusión. “Peluquería en tu Barrio” permite que quienes cursan la formación anual realicen prácticas mientras prestan servicios a vecinos; los talleres de albañilería para mujeres incluyeron experiencias concretas en dependencias municipales; y las capacitaciones en gastronomía y herrería fueron concebidas desde el inicio como aprendizajes con potencial salida laboral. Esa continuidad distingue a la estrategia: no son actividades aisladas destinadas simplemente a completar una agenda institucional, sino una línea que Desarrollo Social pretende profundizar en 2027.
La visión de Velázquez adquiere especial importancia en el contexto económico actual. En una ciudad de frontera, donde el empleo formal tiene limitaciones y muchas familias necesitan complementar sus ingresos, estimular pequeños emprendimientos significa ampliar la capacidad económica de la propia comunidad. Cada vecino que aprende un oficio, fabrica un producto y consigue venderlo genera una pequeña circulación de recursos que permanece en La Quiaca. Si ese proceso logra escalar mediante asociaciones, ferias, mercados y pequeñas unidades productivas, el impacto deja de ser solamente social y empieza a convertirse en desarrollo económico local.
Por eso, la apuesta municipal por el emprendedurismo tiene un valor que va más allá de la asistencia. La lógica es sustituir dependencia por capacidad, acompañando a quien necesita ayuda pero también ofreciéndole herramientas para producir sus propios ingresos. Velázquez parece haber definido allí uno de los rasgos de su gestión: capacitación permanente, contacto territorial y un Estado municipal que no solamente entrega respuestas inmediatas, sino que intenta crear condiciones para que surjan nuevos actores económicos. El desafío ahora será profundizar el modelo, facilitar financiamiento, multiplicar los canales de venta y conseguir que cada vez más experiencias individuales puedan convertirse en emprendimientos sostenibles.
