La Quiaca y Villazón protagonizaron una jornada binacional de alto valor ambiental e institucional sobre más de tres kilómetros del río internacional. El operativo comenzó desde las 7 de la mañana y tuvo su momento central en el puente Horacio Guzmán, donde el intendente Dante Velazquez y el alcalde Roger Sosa reafirmaron un compromiso compartido: cuidar el río, reducir la contaminación y sostener cuatro intervenciones anuales. “Menos palabras, más acciones”, resumió Sosa. Velazquez, por su parte, insistió en que el cauce “no nos separa, nos une”.
La jornada comenzó del lado argentino con la concentración del personal municipal en el galpón de Limpieza Urbana. Allí se distribuyeron guantes, barbijos, rastrillos, bolsas y punzones para iniciar una intervención que alcanzó más de tres kilómetros del cauce. El operativo incluyó personal de ambas municipalidades, funcionarios, voluntarios y vecinos, y buscó atacar un problema que las dos ciudades reconocen como compartido: la acumulación de residuos en un río que atraviesa una frontera política, pero no una frontera ambiental.

El acto protocolar se realizó a las 10 en el centro del puente internacional Horacio Guzmán, con la presencia del intendente Dante Velazquez, el alcalde Roger Sosa, el cónsul argentino en Villazón Diego Alonso Garcés, autoridades de los concejos deliberantes de ambas ciudades y miembros de los gabinetes municipales. La ceremonia comenzó con la entonación de los himnos nacionales de Argentina y Bolivia, reforzando el carácter binacional de una jornada que buscó combinar simbolismo con acción concreta.
Sosa puso el foco en la responsabilidad de ambos gobiernos frente a las consecuencias que puede tener la contaminación aguas abajo. Recordó que comunidades como Chosconte, San Pedro y Sococha pueden verse afectadas cuando las lluvias arrastran residuos y desechos hacia zonas productivas. “Nosotros como gobiernos tenemos que trabajar y velar por nuestra gente”, expresó. También anunció que se impulsarán inspecciones ambientales para determinar de dónde provienen las contaminaciones y quiénes están afectando el cauce. Su mensaje fue directo: “menos palabras, más acciones”.

Velazquez, en la misma línea, habló de corresponsabilidad. Señaló que el operativo no debe quedar reducido a una actividad de una sola jornada ni a una fotografía institucional, sino convertirse en una política sostenida. El acuerdo firmado prevé cuatro limpiezas anuales, con una pausa entre diciembre y marzo por las lluvias y crecidas propias de la temporada. “No es solamente llamar a la conciencia; tenemos que desarrollar las actividades que ya hemos planificado y seguramente se van a incrementar en el tiempo”, afirmó.
Ambos jefes comunales coincidieron además en una idea central: el cuidado del ambiente es también una cuestión de salud y desarrollo. El río internacional atraviesa sectores urbanos y rurales, conecta comunidades y sostiene actividades productivas, por lo que su deterioro impacta directamente sobre la calidad de vida. La limpieza, entonces, no es solamente estética; también supone reducir focos de contaminación, proteger suelos y mejorar las condiciones sanitarias de ambas ciudades.

La firma del acuerdo agrega un elemento clave: continuidad. El desafío que queda por delante será sostener el cronograma, controlar nuevas fuentes de contaminación y lograr que la comunidad se involucre de manera permanente. La limpieza de septiembre marca un punto de partida, pero la verdadera medida del éxito estará en el estado del río dentro de seis meses o un año.
La Quiaca y Villazón dejaron así una señal política y ambiental concreta: la frontera puede ser también un espacio de cooperación. El río que históricamente fue visto como límite geográfico empieza a ser asumido como un patrimonio compartido. Y esa mirada puede convertirse, si se mantiene en el tiempo, en una de las experiencias más importantes de integración local entre Argentina y Bolivia.
