Después de casi cuatro décadas de espera, Jujuy ingresa en una etapa decisiva para transformar a la Puna en una plataforma de comercio, producción y empleo. El gobernador Carlos Sadir y el intendente Dante Velazquez aparecen como las dos figuras institucionales centrales de un proceso que busca convertir a La Quiaca en una puerta económica hacia Bolivia, Chile y toda la región andina.
La Zona Franca de La Quiaca dejó de ser una promesa archivada durante décadas para convertirse en una política concreta de desarrollo. El Gobierno de Jujuy reactivó en 2026 la licitación nacional e internacional para su construcción, explotación y administración, y el proceso culminó con la adjudicación definitiva a International Bonded Warehouses and Free Zone Argentina S.A., con habilitación para operaciones generales y comercio minorista. El marco oficial define a la Zona Franca como una herramienta estratégica para el desarrollo económico, turístico y comercial de la frontera, vinculada directamente con Bolivia, Chile y el NOA. En ese contexto, la decisión política del gobernador Carlos Sadir apunta a abrir una nueva etapa en la historia comercial de Jujuy: una etapa en la que la Puna ya no sea observada solamente desde su distancia geográfica, sino desde su enorme capacidad para generar circulación económica, inversiones y nuevas cadenas de valor.
La concreción tampoco puede separarse del trabajo territorial desarrollado por Dante Velazquez durante los últimos años. La firma de convenios con intendentes y autoridades de la Puna y, especialmente, la construcción de acuerdos estratégicos con Villazón, Tupiza, Tarija, Potosí, Uyuni, Colchacá e incluso Iquique, fueron configurando una red de integración que hoy adquiere un significado económico concreto. Aquellos despliegues diplomáticos y comerciales no fueron gestos protocolares: anticiparon la visión de una La Quiaca conectada con el sur de Bolivia, el norte de Chile y el espacio andino. La materialización de la Zona Franca convierte ahora esa estrategia en una plataforma real y le da volumen a una política que buscó, desde el territorio, preparar a la ciudad para asumir un nuevo lugar en el mapa regional.

El desafío principal será que esa transformación llegue al empleo. Una Zona Franca de esta escala no se limita al comercio minorista: puede extender sus efectos hacia logística, transporte, depósitos, servicios, construcción, gastronomía, hotelería, tecnología y, especialmente, actividades capaces de incorporar valor agregado dentro de la provincia. El propio proceso licitatorio exige un plan maestro de desarrollo, cronogramas de obra e inversiones comprometidas, lo que demuestra que la propuesta trasciende la mera apertura de un espacio comercial. Para La Quiaca y para toda la Puna, donde históricamente el empleo privado tuvo menor desarrollo que en los grandes centros urbanos, esa expansión puede significar capacitación, nuevos oficios, empresas proveedoras y oportunidades para que los jóvenes no tengan que abandonar su lugar de origen para encontrar futuro.
Allí adquiere una dimensión especial la tarea del intendente Dante Velazquez. Después de cuatro décadas de pequeños pasos, uno de los elementos decisivos fue reconstruir confianza alrededor del proyecto. Velazquez trabajó para generar una licencia social en La Quiaca: acercar a la comunidad a una iniciativa que durante demasiado tiempo había sido percibida como lejana o incumplida y convertirla en una expectativa compartida de desarrollo. Esa articulación entre territorio, comunidad y futuro es la que permite hoy pensar en el desembarco de inversiones transformadoras sin que la ciudad quede reducida a ser apenas el lugar físico donde se instala la infraestructura. El objetivo político y social es más profundo: que La Quiaca participe de la riqueza, del trabajo y de las oportunidades que genere la nueva actividad económica.

La presentación realizada en el Salón Blanco de Casa de Gobierno reunió a autoridades provinciales, representantes de cámaras empresariales y referentes del sector privado, en una señal de que el proyecto comienza a ingresar en una etapa de articulación efectiva entre Estado e inversión. Entre los participantes estuvo el empresario Miro Falic, vinculado al Grupo Falic -licenciatarios del emprendimiento-, en el marco del proceso empresario que llevará adelante la Zona Franca la Quiaca. El antecedente institucional es sólido: el llamado a licitación fue autorizado oficialmente, la apertura de sobres se realizó precisamente en Casa de Gobierno y la adjudicación quedó formalmente establecida durante este año. La presencia de cámaras de distintos sectores de la provincia amplía además la perspectiva: la Zona Franca no debe ser interpretada exclusivamente como una obra de La Quiaca, sino como una plataforma desde la cual empresas jujeñas podrían ampliar mercados, servicios y cadenas productivas.

La próxima presentación en La Quiaca tendrá, por eso, un significado diferente. Será el momento de trasladar al territorio una decisión que tardó casi cuarenta años en comenzar a materializarse. Sadir aporta la determinación provincial de utilizar la Zona Franca como instrumento de desarrollo, comercio e inversión; Velazquez aporta el vínculo territorial y la construcción de confianza indispensable para que esa transformación tenga legitimidad social. Si ambos niveles del Estado consiguen articular infraestructura, capacitación, inversión privada y participación de las empresas locales, Jujuy puede estar frente a algo más importante que la apertura de un complejo franco: puede comenzar a construirse una nueva economía para la Puna, con La Quiaca como epicentro de empleo, valor agregado e integración comercial de la Argentina con la América andina.
