Con el frío azotando a la Puna y una situación social cada vez más compleja, el municipio de La Quiaca ha dado un paso vital para atender a los sectores más vulnerables de la ciudad. Desde la madrugada del lunes, la Dirección de Desarrollo Social, a cargo de la Licenciada Analía Mur, dio inicio a un programa de desayunos solidarios y cenas calientes, con el objetivo de asistir a personas en situación de calle, migrantes y familias que esperan desde tempranas horas por atención médica o trámites en organismos públicos.
La jornada comenzó desde las 6:20 de la mañana, con recorridos por ANSES, la terminal de ómnibus, la policía local, la Ruta 5 y el Hospital Jorge Uro, especialmente en el área de atención ambulatoria pediátrica. “La recepción fue muy buena. Nos decían ‘gracias, esto ayuda a calentar el cuerpo’. Eso ya lo dice todo”, relató Mur con emoción. La planificación ya contempla estas acciones durante todo el mes de junio, y se suman las cenas calientes desde las 20:30 horas para quienes pasan la noche sin abrigo ni alimentos.

Lo destacable del programa no es solo su carácter asistencial, sino también su rol preventivo y censal: permite al área de Desarrollo Social tomar contacto con personas en estado de alta vulnerabilidad y conocer más de cerca sus realidades. “Muchos están en situación de calle o pernoctan en la terminal. Algunos, aunque tienen domicilio en Bolivia, sobreviven en nuestra ciudad. Este contacto inicial nos permite luego ofrecerles otras formas de ayuda más estructuradas”, señaló Mur.
La funcionaria también anunció el inminente lanzamiento del Festival del Abrigo, una iniciativa solidaria para recolectar frazadas, ropa de invierno, colchones y abrigos que serán distribuidos con transparencia y destino claro. “Nos comprometemos a detallar a quién fue donado cada abrigo. No se trata de acumular, sino de que cada donación llegue a quien realmente la necesita”, aseguró.
Mur aprovechó para hacer un llamado a los comerciantes, vecinos y actores comunitarios: quienes deseen colaborar con café, azúcar, pan o cualquier alimento no perecedero, pueden acercarse a las oficinas de Desarrollo Social. “Incluso un kilo de arroz o una botella de aceite puede hacer la diferencia. Muchas veces no tenemos nada para ofrecer cuando alguien viene pidiendo ayuda. Por eso, toda colaboración cuenta”, remarcó.
En un contexto nacional de creciente empobrecimiento, esta acción local se vuelve un gesto de humanidad que trasciende el asistencialismo y se convierte en ejemplo de gestión comunitaria. “Esperamos que esta iniciativa contagie a los vecinos. Ya hay antecedentes de personas que cocinan por su cuenta para quienes lo necesitan. Si cada uno pone un granito de arena, podemos llegar muy lejos”, concluyó la licenciada Mur.
El desafío está planteado. En La Quiaca, mientras las temperaturas bajan, la solidaridad crece. Y en tiempos duros, eso también es política pública.
