La Quiaca, 18 de febrero del 2026 // Tras los festejos de carnaval, el Municipio desplegó un operativo reforzado de limpieza urbana en los principales puntos de concentración. Aunque se trabajó a diario para sostener higiene, salubridad y seguridad, este martes el panorama fue deplorable en varias zonas: basura acumulada, restos dispersos y falta total de empatía ambiental. Desde el área de Limpieza Urbana, Rodolfo Maidana remarcó que el trabajo fue sostenido “día a día”, pero advirtió que sin compromiso vecinal, ningún esfuerzo alcanza.

La Quiaca amaneció este martes con la postal incómoda que siempre deja el exceso: el “día después” del carnaval mostró otra realidad. A pesar de que el Municipio sostuvo durante toda la agenda de festejos tareas de higiene, salubridad y acompañamiento preventivo, el estado en que quedaron varios puntos de reuniones masivas fue, lisa y llanamente, deplorable.
Desde temprano, cuadrillas municipales intensificaron el trabajo de barrido, recolección y saneamiento de sectores críticos, con el objetivo de devolverle a la ciudad su orden habitual y resguardar la salud pública. El operativo incluyó la limpieza de calles, veredas, plazas y espacios donde se concentró la mayor parte del movimiento, con una respuesta que el municipio calificó como rápida y eficiente.

Sin embargo, la limpieza no puede ser solo una tarea estatal: también es una obligación social. Durante los festejos se dispusieron contenedores y tachos en distintos puntos, pero la falta de conciencia y la ausencia de autocontrol dejaron una verdadera “alfombra” de residuos por doquier. No es solo basura: es una señal de atraso cultural que choca de frente con la idea de una ciudad que quiere crecer y ser ejemplo.
Rodolfo Maidana, responsable del área de Limpieza Urbana, explicó que el trabajo municipal fue constante “día a día” durante el corso y las celebraciones, pero subrayó un punto central: si la comunidad no acompaña, el costo lo pagamos todos. Porque el impacto no termina en lo estético: afecta al medio ambiente, a los desagües, a la convivencia y a la imagen de La Quiaca ante visitantes.

El mensaje es claro: el municipio puede organizar, contener y limpiar, pero no puede reemplazar la conciencia individual. La ciudad en desarrollo no se construye solo con obras: también se construye con hábitos. Y ese cambio empieza en algo básico: no tirar basura donde vivimos.
