El sacerdote Aníbal Zilly recordó al Papa Francisco al cumplirse un año de su fallecimiento, destacando su legado de renovación, sencillez y apertura hacia los jóvenes. En ese marco, la Iglesia convoca a un encuentro de formación bíblica este fin de semana en Yavi, abierto a toda la comunidad.
La Quiaca, 21 de abril del 2026 // La Quiaca se detiene un instante para mirar hacia adentro. A un año de la partida del Papa Francisco, su figura vuelve a cobrar fuerza no desde el protocolo, sino desde el corazón de quienes entendieron su mensaje. El sacerdote Aníbal Zilly puso en palabras ese sentimiento colectivo: Francisco no fue un Papa más, fue un hombre que intentó cambiar la Iglesia desde la humildad, desde la cercanía, desde la escucha
“Marcó un camino de renovación… una Iglesia de comunidad y participación, donde todos tengan lugar, donde no haya dueños ni jefes”, expresó Zilly, evocando uno de los ejes centrales del pontificado: una Iglesia sinodal, abierta, viva, en diálogo con su tiempo.
Pero tal vez el legado más potente fue su vínculo con los jóvenes. Francisco no los miró como el futuro, sino como el presente. Los invitó a ser libres, a involucrarse, a transformar. “Hay que escuchar a los jóvenes… algo Dios está diciendo a través de ellos”, reflexionó el sacerdote, retomando ese llamado profundo que aún interpela a la sociedad.

En ese espíritu, la Iglesia de La Quiaca no se queda en el recuerdo, sino que propone acción. Este sábado 25 de abril, desde las 8 de la mañana, partirá desde la parroquia una delegación hacia el histórico pueblo de Yavi, donde se desarrollará un curso de formación bíblica que se extenderá hasta el domingo.
El encuentro, que este año abordará los primeros capítulos del Génesis —la creación, el origen del hombre, el pecado, la historia del pueblo—, busca algo más que conocimiento: invita a comprender, reflexionar y reencontrarse con la fe desde una mirada actual y participativa.
La propuesta, originalmente destinada a catequistas y animadores, fue abierta a toda la comunidad. Es una señal clara de los tiempos: la fe ya no puede ser un espacio cerrado. Debe ser compartida, comprendida, vivida en comunidad.
Yavi, con su historia, su espiritualidad y su silencio profundo, será el escenario perfecto para ese encuentro. Allí, entre montañas y memoria, la palabra volverá a cobrar sentido.
Porque a un año de Francisco, el mejor homenaje no es la nostalgia. Es animarse a vivir su mensaje: una Iglesia más humana, más sencilla, más abierta… y sobre todo, más cercana a la gente.
