La profesora e instructora Celia Zenteno explicó cómo se desarrollan la natación formativa y el deporte adaptado en La Quiaca. La docente resaltó el valor de la infraestructura disponible, la enseñanza desde los cuatro años, la inclusión de personas con discapacidad y el acompañamiento familiar como pilares de una disciplina que también brinda seguridad para la vida.
La natación continúa creciendo en La Quiaca a partir de la disponibilidad de infraestructura y del trabajo sostenido de profesores, alumnos y familias. Celia Zenteno, docente e instructora con casi 15 años de experiencia en la pileta local, señaló que las clases formativas se organizan en niveles inicial, intermedio y avanzado, respetando el proceso particular de cada participante.
La primera etapa está centrada en la ambientación al medio acuático. Allí los niños aprenden a respirar, flotar, desplazarse y superar progresivamente el temor al agua. “Para avanzar hacia los estilos, el chico primero debe saber desenvolverse en otro medio”, explicó Zenteno, quien trabaja con alumnos desde los cuatro años y considera fundamental desarrollar habilidades motrices y nociones de seguridad.
Una vez consolidada la adaptación, la enseñanza continúa con los estilos libre, espalda, pecho y mariposa, además de saltos, giros y ejercicios de coordinación. La instructora remarcó que cada persona tiene tiempos diferentes y que algunas experiencias negativas pueden generar miedo. Por eso, afirmó, la paciencia, el diálogo y la perseverancia son indispensables tanto para niños como para adultos.
Zenteno también desarrolla tareas en natación y atletismo adaptados. Entre las experiencias más destacadas mencionó el proceso deportivo de Luján, una joven que comenzó con dificultades para desenvolverse en el agua y posteriormente consiguió podios, participó en competencias nacionales y fue convocada a una preselección argentina. La profesora valoró especialmente la constancia de la deportista y el acompañamiento permanente de su familia.
La propuesta inclusiva alcanza a chicos con síndrome de Down, autismo, discapacidad visual y diferentes condiciones motrices. Cada entrenamiento se adapta a las posibilidades individuales, fortaleciendo piernas, equilibrio, orientación, coordinación y autonomía. El trabajo se articula además con instituciones educativas como las escuelas N.º 14 y Papa Francisco, con las que se realizaron encuentros de natación y atletismo adaptados.
Las clases de atletismo adaptado retomarán sus actividades desde el 11 de agosto y se desarrollarán los martes y jueves, de 18 a 19, en la pista del CEAR. Los padres pueden acercarse, acompañar a sus hijos y observar las prácticas. Zenteno también invitó a las familias a consultar por las clases de natación y recordó que aprender a nadar no es solamente una actividad deportiva: “Es seguridad, compañerismo y una herramienta para que el chico aprenda a salvarse y pueda desenvolverse mejor durante toda su vida”.
