La ciudad fronteriza de La Quiaca se sumerge en los preparativos de una de las celebraciones más sentidas y esperadas por su comunidad: las fiestas patronales en honor a la Virgen del Perpetuo Socorro, patrona de la ciudad. En una jornada cargada de emoción y espiritualidad, el párroco Aníbal Zilli ofreció unas palabras que resonaron con fuerza entre los presentes: “Si no tenemos fe, falta un pedazo a nuestra vida”.
Desde las primeras luces del día, los vecinos han comenzado a reunirse en torno a la parroquia, en una atmósfera de alegría, reencuentro y devoción. El padre Zilli destacó que los preparativos están listos, y que ahora solo resta vivirlos con intensidad: “Una cosa es preparar y otra es que se realice como uno lo ha pensado. Pero sí, ya está todo dispuesto”, aseguró, mientras se ultimaban detalles para la serenata nocturna y el festival previsto para mañana.
La programación incluye la misa vespertina, la tradicional serenata con la presencia de la Banda Municipal, y desde temprano el día central comenzará con una chocolatada comunitaria. A las 9 está previsto el izamiento de la bandera y la entonación del Himno Nacional, seguido por la misa principal, la procesión por las calles de la ciudad, el almuerzo comunitario y el festival artístico con la participación de destacados conjuntos locales y provinciales. Todo se desarrollará con la precisión de un reloj de pueblo, donde cada gesto y cada abrazo tienen un sentido profundo.

Pero más allá de las actividades, el verdadero mensaje fue claro: esta fiesta es un “hito para la unidad”. Así lo subrayó el padre Zilli, quien resaltó el valor de la fe no como simple tradición, sino como una fuerza espiritual capaz de reunir a un pueblo, más allá de las diferencias. “Aunque tengamos distintas ideas y ocupaciones, la patrona tiene que ayudarnos a sentirnos una sola familia”, expresó con convicción.
El intendente Dante Velázquez también fue mencionado con reconocimiento por el párroco, por su participación activa y su compromiso con esta celebración: “Él también entiende que la fiesta patronal debe encontrarnos más cercanos unos a otros. Esa es la intención y lo celebramos”, señaló Zilli. En un tiempo donde los lazos sociales suelen estar tensionados, este gesto simbólico de unidad institucional y espiritual cobra una dimensión especial.
El mensaje final del sacerdote fue directo y conmovedor: “No somos solo cuerpos, somos también espíritus, y debemos alimentarlos. Ese es el camino que tenemos que hacer en nuestra vida”. E invitó a todos los quiaqueños y visitantes a sumarse desde temprano con humildad y entusiasmo: “Traigan su vasito, su platito, y compartamos juntos. Lo esencial es estar presentes con el corazón”.
Las fiestas patronales en La Quiaca no son simplemente un evento religioso; son una síntesis del alma de un pueblo que se reconoce en sus ritos, en sus canciones, en sus bailes, pero sobre todo, en su capacidad de reunirse y mirar hacia adelante con esperanza.
