La Quiaca conmemoró el Día del Maestro con el izamiento de la Bandera Nacional en Plaza Centenario y un acto central en el Complejo Cultural Manka Fiesta, con la participación de docentes de distintos establecimientos. En su discurso, el intendente Dante Velázquez repasó la figura histórica, contradictoria y decisiva de Domingo Faustino Sarmiento, y trazó un paralelo con los desafíos actuales de la educación, la tecnología y la necesidad de preservar el vínculo humano entre maestros y alumnos.

La jornada comenzó con el izamiento de la Bandera Nacional en Plaza Centenario, acompañado por docentes de establecimientos educativos de La Quiaca, y continuó con el acto central en el Complejo Cultural Manka Fiesta. Allí, el intendente Dante Velázquez pronunció un extenso discurso en el que evitó una mirada simplificada sobre Domingo Faustino Sarmiento y lo presentó como una figura profundamente polémica, pero central para comprender la construcción del sistema educativo argentino. “Uno ve la figura de un hombre totalmente controvertido, un hombre muy polémico”, expresó al iniciar su reflexión histórica.
Velázquez recordó el origen humilde de Sarmiento, su formación autodidacta, su paso por el periodismo y la literatura, su exilio y sus viajes por Europa, África y Estados Unidos, experiencias que —según planteó— terminaron moldeando su visión sobre la educación como herramienta de progreso. También destacó su impulso a la formación de maestros y el papel que Jujuy tuvo en esa historia, al señalar que la provincia fue una de las primeras en recibir aquella corriente educativa ligada a la formación docente.

El jefe comunal también abordó las contradicciones del prócer. No eludió sus posiciones cuestionadas sobre pueblos originarios, gauchos y centralismo, y sostuvo que Sarmiento debe ser leído en toda su complejidad: por sus aportes y también por aquello que la historia permite discutirle. Al mismo tiempo, reivindicó su impulso al ferrocarril, el telégrafo, el teléfono y, sobre todo, la expansión de la educación pública. Velázquez remarcó especialmente la importancia de la Ley 1420 y sostuvo que su espíritu de una educación pública, gratuita y con un Estado presente conserva plena vigencia.

El discurso luego se trasladó al presente. Velázquez habló de la irrupción de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en las aulas y reconoció su propia dificultad para adaptarse a esas transformaciones. “Yo prefiero una pizarra, prefiero los tizazos, prefiero tener que leer un libro antes que leer una computadora”, expresó, para luego profundizar una idea central: ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar la contención, el afecto y la empatía que un maestro brinda a un alumno.

En ese punto, el intendente vinculó el homenaje con el reciente encuentro de docentes rurales y destacó especialmente la tarea de quienes enseñan en la Puna y en lugares alejados. “En este confín de la patria, donde nace casualmente la Argentina, en la defensa irrestricta de la soberanía, ustedes todos los días dejan algo de su vida”, manifestó. También recordó a docentes jubilados y a quienes perdieron la vida durante la pandemia, subrayando que la enseñanza trasciende los contenidos y se construye con paciencia, solidaridad y acompañamiento.
Velázquez cerró con un mensaje personal y emotivo, evocando a maestras que marcaron su infancia y su formación. “Amo profundamente la educación y la labor que hace cada una de las maestras y los maestros”, señaló, agradeciendo a quienes contribuyeron a formar generaciones de quiaqueños. El acto dejó así una definición que atravesó todo su discurso: Sarmiento puede y debe ser discutido históricamente, pero la educación continúa siendo una de las herramientas fundamentales para transformar una comunidad y los maestros siguen siendo insustituibles en esa tarea.
