Gracias a la gestión del intendente y al impulso de la Dirección de Deportes, niños y niñas de distintos clubes quiaqueños viajarán nuevamente a conocer el Club Gimnasia y Esgrima de Jujuy. “Ver sus sonrisas es una emoción que no se olvida”, cuenta Víctor Cardozo, director de Deportes municipal.
Hay momentos que no se borran. Que quedan guardados en el alma, como una camiseta firmada, como un abrazo con un ídolo, como una tarde en la que el sueño se hizo viaje. Para los chicos de las inferiores de La Quiaca, esa emoción está a punto de repetirse. Este fin de semana, nuevos grupos de pequeños futbolistas viajarán a San Salvador de Jujuy para visitar el estadio 23 de Agosto, casa del Club Gimnasia y Esgrima, los “Lobos Ojeños”.
La iniciativa, impulsada por la Dirección de Deportes de la Municipalidad de La Quiaca y respaldada por el intendente, es mucho más que un paseo: es una oportunidad única para que niños y niñas que entrenan día a día en los potreros del norte profundo vivan la experiencia de estar en una cancha profesional, conocer jugadores, recorrer el Cabildo, la plaza central, y sentirse parte del universo que tantas veces imaginaron por televisión.
“Es un compromiso que habíamos asumido con los profes y los clubes de la Liga Infantil de Fútbol, y ahora lo cumplimos con alegría. Muchos de estos chicos no tienen posibilidades de hacer un viaje así por sus propios medios. Por eso, que puedan conocer la cancha de Gimnasia, saludar a los jugadores, sentir el grito de la tribuna, es algo inolvidable para ellos”, cuenta con orgullo Víctor Cardozo, director de Deportes de la Municipalidad.
Una experiencia que deja huella
La primera edición de esta visita se realizó semanas atrás y dejó una marca profunda en cada niño. “Nosotros íbamos como profes, acompañando, cuidando, ayudando, pero también nos tocaba el alma verlos tan contentos. Desde el viaje, la visita al Cabildo, la bandera de la Libertad Civil… todo era nuevo para ellos. Pero cuando entraron a la cancha, se transformaron. Había una emoción inmensa”, recuerda Cardozo, todavía conmovido.
En aquella primera experiencia, los niños no solo conocieron el estadio: también compartieron un momento con los jugadores, recorrieron pasillos y túneles, vivieron el fútbol desde adentro. Y lo más valioso: lo hicieron acompañados de padres y madres que también participaron del viaje, sumando contención y emoción familiar a la jornada.
“Las familias nos agradecieron profundamente. Para muchos fue la primera vez que sus hijos salían de La Quiaca. Para nosotros, como gestión, es una muestra de que vale la pena trabajar por estos momentos. Porque el deporte no es solo competencia: es inclusión, emoción, comunidad y futuro”, agrega Cardozo.
Nuevos clubes, nuevas sonrisas
En esta segunda etapa, viajan nuevos chicos de diferentes clubes quiaqueños, con el mismo entusiasmo. También habrá renovación entre los profes acompañantes y padres referentes designados por cada club, en un gesto que busca democratizar la experiencia y extenderla a toda la Liga Infantil.
La Dirección de Deportes, en coordinación con las escuelas deportivas municipales, viene desarrollando una política activa de inclusión a través del deporte. Escuelas de fútbol, básquet, vóley y natación funcionan con normalidad en distintos horarios y espacios de la ciudad. “En cada escuela buscamos abrir puertas, no solo deportivas, sino sociales y emocionales. Estamos convencidos de que el deporte es herramienta de transformación”, enfatiza Cardozo.
Lo que no se enseña, pero se vive
Hay cosas que no entran en un entrenamiento, que no se diagraman en una cancha, pero que se sienten en el pecho. Subirse a un colectivo con compañeros de equipo, entrar al estadio por el túnel, estrechar la mano de un jugador profesional, cantar desde la tribuna… Todo eso construye algo invisible pero inmenso: la ilusión de pertenecer, de soñar, de creer que todo es posible.
Desde el frío altiplano quiaqueño hasta la pasión de la capital jujeña, este viaje es mucho más que kilómetros recorridos. Es una postal viva de lo que puede lograrse cuando el Estado está presente, cuando el deporte se abraza con la infancia, y cuando el corazón late al ritmo de una pelota.
Y si alguien pregunta qué sienten los chicos cuando pisan por primera vez el estadio, Cardozo no necesita muchas palabras: “Alcanzás con verles la cara. Sus sonrisas lo dicen todo. Esa alegría no se olvida jamás.”
