En el altiplano jujeño, a más de 3.400 metros de altura, hay una institución que no solo educa: transforma. El Instituto de Educación Superior Nº1 de La Quiaca cumple 50 años y la comunidad entera se detiene a mirar hacia atrás, con gratitud y emoción, el largo sendero recorrido por esta casa formadora de docentes, profesionales y soñadores.
En sus aulas no solo se enseña. Se gesta futuro. Se levanta, en silencio y con constancia, la calidad del recurso humano de una ciudad que, a pesar de las adversidades estructurales, crece, resiste y florece. Desde sus inicios, este instituto fue el faro que iluminó a jóvenes de la Puna que, sin necesidad de migrar a capitales lejanas, pudieron formarse con excelencia en su propia tierra.
Uno de los protagonistas de esta historia, Fidel Tolaba, ex rector del IES Nº1, lo vivió todo. Fue alumno, preceptor, profesor, consejero y finalmente máxima autoridad de la institución. Pero más allá de los títulos, fue un artífice de una etapa clave: la del edificio propio, esa utopía que comenzó en el esfuerzo colectivo de los estudiantes que vendían empanadas y rifas para comprar el terreno, y que hoy es una realidad de paredes firmes y aulas vivas.
“Celebrar este aniversario en nuestra casa propia es un sueño cumplido, es emocionante reencontrarnos con docentes, exalumnos, colegas de toda una vida. Pasamos momentos buenos, difíciles, pero todos nos dejan una enseñanza”, relató Tolaba con la voz entrecortada en diálogo con la Radio Municipal. Su emoción es la de tantos que pasaron por esas aulas y hoy enseñan, curan, gestionan, escriben, luchan o simplemente viven con dignidad gracias a esa formación.
El acto por los 50 años no fue apenas un festejo. Fue una ceremonia íntima con la historia y la memoria. Allí se cruzaron generaciones, se recordaron los días de lucha por un edificio digno, se evocaron noches de poesía y jornadas de militancia pedagógica. Se izaron banderas con orgullo, se habló de escritores que llevaron el nombre del IES Nº1 a otras provincias, y se sintió —en cada palabra y cada abrazo— ese sentido profundo de pertenencia que pocas instituciones saben generar.
Para Tolaba, portar la bandera nacional o la enseña provincial en nombre del instituto “ponía la piel de gallina”. No era solo un símbolo, era la representación de un modelo educativo que cree en la cultura como forma de resistencia, en la palabra como camino de transformación, y en la educación pública como estandarte del pueblo.
Hoy, al mirar su edificio nuevo, completamente equipado y con una comunidad activa, el IES Nº1 no descansa. Se proyecta hacia el futuro con el mismo fuego fundacional que lo vio nacer en 1974. A cinco décadas de aquel primer paso, sigue siendo la columna vertebral de La Quiaca. Lo que forja en sus aulas no es solo conocimiento, sino ciudadanía, orgullo territorial y espíritu crítico.
A cada estudiante, docente, egresado y trabajador que pasó por sus aulas: gracias. La historia no se escribe con discursos, se graba en las huellas. Y las del IES Nº1 ya son indelebles.
