Tras una jornada con emociones y contratiempos, la Municipalidad, instituciones educativas y la comunidad acuerdan un nuevo protocolo para fortalecer una de las celebraciones más sentidas del norte argentino.
En La Quiaca, donde la patria parece comenzar con cada amanecer a 3.450 metros de altura, el 25 de Mayo no es solo una efeméride: es una afirmación colectiva de identidad, orgullo y pertenencia. Cada año, el tradicional desfile patrio en la ciudad más septentrional del país convoca a familias, escuelas, instituciones y fuerzas vivas a renovar los vínculos con la historia y con el presente. Este 2025, sin embargo, una serie de desencuentros organizativos generó críticas, malentendidos y una percepción general de que algo faltó. Lo que debía ser celebración se vio brevemente opacado por una pasada “express”, demoras y ausencias.
Pero la respuesta no fue el silencio ni el cruce de culpas: fue el diálogo. Convocada por la jefa de gabinete municipal, Fabiana González, se realizó una reunión entre autoridades municipales y directivos de escuelas locales que marcó un punto de inflexión positivo.
“Todas las partes admitimos errores. Se mezclaron formalidades con usos y costumbres que no se ajustaron a un cronograma consensuado. El desfile comenzó con demora, lo cual afectó la participación plena de muchas instituciones. Pero hoy estamos aquí para escucharnos y mejorar”, expresó González.
Un desfile sentido, una comunidad que aprende
El desfile del 25 de mayo tiene una carga simbólica única en La Quiaca. En este suelo de geografía agreste y espíritu solidario, el acto patrio es también un acto de resistencia cultural y afirmación nacional. Y aunque este año el paso haya sido más corto, el sentimiento no se apagó.
Los directivos de varias instituciones, en su mayoría con buena predisposición, reconocieron que la informalidad con la que algunos horarios fueron manejados también contribuyó a los problemas. Las familias llegaron tarde, los estudiantes no encontraron su lugar en la formación y algunas promociones —esperadas con emoción— no lograron desfilar.
“Convocamos a los chicos a las 10, como siempre se hizo. Pero esta vez la municipalidad cumplió el horario, y eso nos sorprendió. Tenemos que asumir que todos debemos cambiar el chip”, explicó una de las directoras presentes.
Un acuerdo para el futuro: protocolos y compromiso compartido
Como resultado del encuentro, se acordó establecer un protocolo claro, con horarios definidos, roles distribuidos y responsabilidad compartida. El municipio se comprometió a reforzar la comunicación previa, señalizar puntos de hidratación, asistencia y desayuno, además de asegurar la visibilidad de traductoras de lengua de señas. Las escuelas, por su parte, asumieron el compromiso de convocar en tiempo y forma a sus alumnos, concientizar a las familias y ensayar pasadas previas para asegurar una presentación digna de la ocasión.
También se pactó una propuesta reparadora: las promociones que no pudieron desfilar este 25 de mayo serán invitadas especialmente a los actos del 9 de Julio y 23 de Agosto, para que puedan lucir sus uniformes y recibir el reconocimiento de la comunidad.
“El desfile no puede ser solo desfile. Debe ser una experiencia formativa, inclusiva y emotiva. Que cada chico sienta que ahí, en esa pasada, también pasa su historia”, concluyó un director.
La patria comienza aquí
En un tiempo donde abundan las divisiones, La Quiaca muestra que los errores pueden transformarse en acuerdos, y los desaciertos en compromisos. Lejos del centro del país, en la frontera viva con Bolivia, esta ciudad reafirma su lugar como “puerta norte de la patria”, no solo por su ubicación, sino por su capacidad de construir comunidad con memoria, con palabra y con sentido de lo común.
En 2026, el desfile del 25 de mayo volverá. Y lo hará mejor. Porque en La Quiaca, todos son patriotas. Y todos están dispuestos a marchar juntos.
