En la tarde del último timbrazo de la Promo 2025 de la Técnica, el patio central de la escuela se preparaba para una despedida más. Tal vez con talco, harina, risas, alguna lágrima contenida. Pero lo que nadie esperaba era lo que sucedió cuando, de golpe, la música empezó a abrirse paso desde la vereda hacia el corazón mismo del establecimiento.
La Banda de Música Municipal de La Quiaca, un cuerpo artístico con años de trayectoria y prestigio, irrumpió en el patio como se irrumpen los grandes momentos: sin estridencias pero con una presencia imponente, llenando cada rincón de melodías que mezclaron carnavalito, emoción y orgullo. No fue un detalle menor. Fue un mensaje político y humano a la vez: la educación de los chicos de La Quiaca es innegociable.
El gesto no fue casual. Nació de un pedido concreto de los padres al intendente Dante Velázquez, y de una decisión política que marca una línea de gestión: cuando se trata de educación, el municipio no “acompaña de lejos”, se hace presente con todo su capital simbólico. Poner a disposición la banda municipal para el último timbrazo no es solamente enviar músicos; es enviar Estado, identidad y pertenencia al momento más íntimo de la vida escolar de los chicos.

Para los egresados, el sonido de la banda en ese preciso instante –cuando el timbre dejó de ser rutina para convertirse en rito de paso– fue un sacudón emocional. Entre talcos, serpentinas, espuma, abrazos y un mar de celulares intentando capturar lo irrepetible, muchos de ellos entendieron que ese día La Quiaca les estaba diciendo de frente: “los vemos, los valoramos, creemos en ustedes”.
Los padres, cómplices de la sorpresa, miraban con los ojos brillosos. Durante seis años acompañaron tareas, exámenes, frustraciones y logros en silencio. Esta vez, en alianza con el municipio, pudieron ofrecerles a sus hijos un cierre a la altura de tanto esfuerzo: una despedida con jerarquía institucional, con la banda municipal marcando el compás de un recuerdo que los chicos llevarán tatuado para siempre.
La banda tocando en el patio de la Técnica no solo animó el jolgorio. También ordenó el sentido del acto: la escuela pública como eje de la comunidad, el municipio como aliado estratégico de esa misión y los jóvenes como capital más valioso de la ciudad. En tiempos duros, el mensaje fue claro: no hay ajuste posible que justifique recortar los sueños.

Mientras los instrumentos marcaban melodías contagiosas, se cruzaban dos planos: el de la adolescencia que se despide de la escuela, y el de una ciudad que decide invertir en emoción, en símbolos, en educación. No fue un show, fue una definición ética: La Quiaca no abandona a sus pibes en la puerta de salida; los despide con honores.
Ese último timbrazo, acompañado por la Banda de Música Municipal, se convirtió en un hito: el día en que la música, la gestión y la comunidad educativa se alinearon para decirles a los egresados de la Promo 2025 que sus seis años de estudio no pasan desapercibidos, que sus sueños importan y que la ciudad está dispuesta a sostenerlos.
El timbre dejó de sonar hace rato. Pero en la memoria de los chicos, de sus familias, de los docentes y de todos los que estuvieron ahí, seguirá resonando la banda como un eco que no se apaga: la educación primero, siempre.
