La mañana en la Escuela Hipólito Yrigoyen N.º 86 tuvo un brillo distinto. Con una mezcla de alegría, nervios y nostalgia, sonó el último toque de timbre para los alumnos de 7.º grado del turno mañana, marcando el cierre de una etapa irrepetible y el inicio de un nuevo camino para la Promo 2025.

En la vereda de enfrente, impecablemente formada, la Banda de Música Municipal de La Quiaca esperaba el momento justo. Cuando el timbre rompió el silencio y los chicos comenzaron a salir entre aplausos, abrazos y lágrimas contenidas, los músicos hicieron lo suyo: el carnavalito jujeño empezó a sonar y la emoción se desbordó.
Padres, madres, docentes y estudiantes se dejaron llevar por la música. Algunos se animaron a bailar, otros acompañaron con palmas, muchos grabaron el momento con sus celulares para guardarlo para siempre. Pero, sobre todo, lo que se respiraba era orgullo: orgullo por los chicos que cierran la primaria, por los esfuerzos de las familias y por la escuela que los vio crecer.

Ese último timbrazo no fue uno más. Quedó grabado en la memoria de la juventud como un sello de amistad y despedida, como un guiño sonoro que marca el final del recreo más largo de la infancia para dar paso a la aventura de la escuela secundaria.

La presencia de la Banda de Música de La Quiaca le dio un marco imponente y único a la escena, elevando el momento a un ritual colectivo donde se abrazan la cultura, la educación y la identidad local. Al ritmo del carnavalito, la ciudad acompañó simbólicamente a estos chicos que se preparan para una nueva etapa, llevando en el corazón ese sonido de timbre que, a partir de hoy, también será recuerdo.
La comunidad educativa de la Escuela Hipólito Yrigoyen N.º 86 agradeció la presencia de la banda y el acompañamiento municipal en una fecha tan significativa, donde cada nota musical ayudó a decir “hasta pronto” a la niñez y “bienvenidos” a los nuevos desafíos.
