En el acto por el 9° aniversario de la Escuela de Minas “Horacio Carrillo” sede La Quiaca, la directora Julieta Urzagate dejó un discurso cargado de identidad institucional, reconocimiento a docentes y familias, y una firme defensa de la inclusión, la contención emocional y la educación de calidad. La celebración no sólo repasó el crecimiento de la institución desde 2017, sino que también reafirmó un sueño compartido: seguir construyendo una escuela que escuche, acompañe y transforme vidas.
La Quiaca, 10 de abril del 2026 // La ciudad de La Quiaca vivió una jornada especial con el acto central por el 9° aniversario de la Escuela de Minas, una institución que en pocos años logró consolidarse como referencia educativa y humana en la frontera. En ese marco, la directora Julieta Urzagate pronunció un mensaje profundo, emotivo y comprometido, en el que definió a la escuela como mucho más que un edificio o una estructura administrativa: como un territorio de aprendizajes, de vínculos y de crecimiento compartido.

Durante su discurso, Urzagate puso en palabras el recorrido que la comunidad educativa viene construyendo desde 2017. Entre tableros, arte, números, mapas, deporte, viajes, ciencias, talleres, investigación, lecturas, programación, torneos, concursos y programas radiales, la directora describió a la escuela como el escenario donde se desplegó una experiencia colectiva intensa y transformadora. En esa línea, sostuvo que las aulas son “cofres de vivencias” y remarcó una idea central: en la Escuela de Minas los estudiantes son escuchados antes de ser etiquetados.
Uno de los ejes más fuertes del mensaje estuvo vinculado a la inclusión y la convivencia. Julieta Urzagate señaló que estos nueve años fueron también una tarea constante para erradicar toda forma de violencia, reconstruir vínculos, fortalecer habilidades sociales y acompañar el crecimiento de los jóvenes. Destacó especialmente el trabajo conjunto con madres, padres y tutores, y valoró de manera particular el acompañamiento de las familias de estudiantes con autismo y TDAH, subrayando que gracias al abordaje interdisciplinario se vienen logrando excelentes resultados. Así, renovó el compromiso de seguir siendo una escuela inclusiva y de calidad.
La directora también hizo una defensa clara del rol actual de la institución educativa, al afirmar que hoy la escuela no sólo cumple una función pedagógica y administrativa, sino también una función preventiva y de sostén emocional. En ese marco, agradeció al equipo docente y a los preceptores por su entrega diaria, por su capacidad para resolver lo inesperado y por sostener con compromiso una tarea que muchas veces se desarrolla en medio de dificultades estructurales, como la falta de presupuesto y la desactualización salarial. Aun así, resaltó que la comunidad educativa sigue enseñando, acompañando y construyendo con orgullo.
En otro tramo muy sentido del discurso, Urzagate se dirigió directamente a los estudiantes, a quienes llamó a cuidar la escuela y a no permitir que ninguna etiqueta defina su valor. Les recordó que son valiosos, que en sus manos está el futuro y que no deben dejar de soñar. La directora evocó que esta institución nació justamente como un sueño y hoy es una realidad que se reinventa cada mañana, incluso en espacios reducidos y con muchas necesidades todavía por resolver.
Finalmente, la directora expresó el deseo de ver crecer a la Escuela de Minas con más aulas, espacio deportivo y nuevas dependencias, aunque sin perder de vista el orgullo por lo construido hasta aquí. Agradeció a la Universidad Nacional de Jujuy, a la Intendencia, a las instituciones, al delegado ministerial, a la cooperadora, a los docentes, a los no docentes, a las escuelas secundarias, a las familias y muy especialmente a los alumnos y a la promoción. El acto por los 9 años dejó así una certeza poderosa: en La Quiaca, la Escuela de Minas no sólo celebra su permanencia, sino la fuerza de una comunidad que eligió crecer junta.
