En el acto por el 9° aniversario de la Escuela de Minas “Dr. Horacio Carrillo” sede La Quiaca, la directora Laura Mastrandea dejó un mensaje cargado de memoria institucional, reconocimiento al trabajo colectivo y un emotivo homenaje a Julieta Urzagaste, a quien definió como una figura central en la construcción y crecimiento de la sede. La ceremonia no sólo repasó el origen de la escuela en la ciudad, sino que reafirmó su prestigio, su arraigo y el sueño pendiente de contar con un espacio propio más amplio.
La Quiaca, 10 de abril del 2026 // Durante su discurso, Laura Mastrandea recordó que la presencia de la Escuela de Minas en La Quiaca nació de una visión compartida entre la Universidad Nacional de Jujuy, la propia institución y la comunidad local. Señaló que, desde 2017 y aun antes de su apertura formal, hubo reuniones, planificación y una apuesta concreta para que la primera escuela preuniversitaria de la UNJu llegara también al extremo norte de la provincia. En ese recorrido, destacó el acompañamiento de la Intendencia quiaqueña, que cedió el lugar donde hoy funciona la sede, y subrayó que La Quiaca fue elegida para albergar la primera expansión de la Escuela de Minas fuera de su casa central.

Mastrandea también puso en relieve que el crecimiento institucional no fue casual ni sencillo. En sus palabras, la sede nació “con poquito, casi con nada”, pero fue levantándose con voluntad, compromiso y confianza de todos los actores involucrados: la Universidad, la Intendencia, los docentes, las familias y la comunidad educativa en su conjunto. Remarcó además que uno de los grandes desafíos fue sostener en La Quiaca el prestigio histórico de la Escuela de Minas, algo que, según expresó, no sólo se logró, sino que hoy sigue creciendo con actividades, premios y logros que fortalecen a toda la institución.
Uno de los tramos más emotivos del mensaje estuvo dedicado a la historia de la conformación del plantel docente y, especialmente, al reconocimiento de Julieta Urzagaste, responsable de sede desde los inicios. Laura Mastrandea relató que, al momento de seleccionar al equipo fundador, se decidió poner al frente de la institución a una profesora con una sólida trayectoria, y afirmó que desde hace nueve años Julieta “puso el cuerpo, puso el alma, puso el corazón y puso la vida” para que la escuela sea lo que hoy representa en La Quiaca.
En ese marco, la directora sostuvo que la impronta de Julieta quedó marcada para siempre en la identidad de la Escuela de Minas, al punto de considerarla su fundadora en el territorio quiaqueño. Incluso expresó que el homenaje realizado durante el acto debería repetirse todos los años, por la labor inquebrantable de quien estuvo desde el principio y acompañó todos los momentos del crecimiento institucional. Junto con esa valoración personal, Mastrandea extendió el reconocimiento a otros referentes y coordinadores que también empujaron el desarrollo de la sede a lo largo de estos años.
Finalmente, Laura Mastrandea destacó que el mayor orgullo de la institución no está sólo en su crecimiento material o académico, sino en la formación de personas. Señaló que los estudiantes de la Escuela de Minas representan a la UNJu y a la propia escuela en cada ámbito donde participan, no sólo por sus premios o logros, sino por la actitud y la calidad humana con la que se presentan en la sociedad. En ese sentido, definió a los jóvenes como futuros profesionales y ciudadanos comprometidos con el bien común, y cerró la jornada con un homenaje cargado de emoción a Julieta Urzagaste, reconociendo sus nueve años de labor sostenida al frente de la sede quiaqueña.
