Proteccionistas de La Quiaca y de San Salvador de Jujuy fueron recibidas por concejales de la ciudad para dialogar sobre el proyecto de ordenanza vinculado a la protección animal y la tenencia responsable. Luego de reunirse con Silvano Velázquez, autor de la iniciativa, ingresaron a distintas oficinas del cuerpo legislativo y finalmente fueron recibidas por el presidente del Concejo Deliberante, Hugo Barro. La propuesta busca corregir malos entendidos, incorporar aportes técnicos y construir una norma consensuada que pueda dar respuestas reales.
El Concejo Deliberante de La Quiaca volvió a poner en agenda una problemática sensible para la comunidad: el cuidado de los animales, la tenencia responsable, el maltrato, la sobrepoblación y la necesidad de construir una política pública seria junto a proteccionistas, profesionales y vecinos comprometidos con la causa.
Luego de la reunión mantenida con el concejal Silvano Velázquez, autor del proyecto presentado en sesión ordinaria, proteccionistas de La Quiaca y de San Salvador de Jujuy recorrieron las oficinas de otros concejales y fueron recibidas finalmente por el presidente del cuerpo legislativo, Hugo Barro. El objetivo fue claro: escuchar, aclarar, aportar y abrir un camino de consenso antes del tratamiento definitivo de la ordenanza.
Adriana Humacata, proteccionista de San Salvador de Jujuy con más de 25 años de trabajo en propuestas de políticas públicas para animales, explicó que la visita se produjo a partir de los malos entendidos generados alrededor del proyecto. Según señaló, la diversificación de información provocó confusión y preocupación, por lo que consideraron necesario acercarse al Concejo para dialogar directamente con los ediles y presentar propuestas concretas.
Humacata valoró la buena comunicación con Silvano Velázquez y remarcó que el trabajo debe construirse desde dos lugares complementarios: la experiencia del proteccionismo y la responsabilidad política de quienes deberán sancionar una norma. “Necesitamos consensuar”, expresó, al señalar que el objetivo es avanzar hacia una ordenanza que pueda proteger a los animales y, al mismo tiempo, convertirse en modelo para otros municipios de la provincia.
Uno de los puntos centrales planteados por las proteccionistas fue el cambio de paradigma. Los animales ya no pueden ser vistos únicamente como un problema urbano, una molestia o un riesgo, sino como seres sintientes, sujetos de derecho y víctimas de una sociedad que muchas veces no asume su responsabilidad. Desde esa mirada, la norma debe apuntar no solo a controlar, sino también a educar, prevenir, proteger y sancionar cuando corresponda.
Las proteccionistas propusieron además trabajar en una mesa amplia donde participen grupos locales, vecinos, familias que cuidan animales, profesionales y representantes del Concejo Deliberante. La idea es enriquecer el proyecto base con antecedentes, investigación, experiencias de otros lugares y aportes ciudadanos, para que la futura ordenanza no quede solo escrita, sino que pueda aplicarse y ser conocida por la comunidad.
Entre las propuestas presentadas se encuentra la creación de un registro de maltratadores, con el objetivo de impedir que personas denunciadas o sancionadas por maltrato puedan volver a tener animales a cargo. También se planteó un beneficio fiscal para buenos adoptantes, destinado a familias que adopten perros de la calle o de refugios, con posibles descuentos en tasas municipales como reconocimiento a una acción responsable.

Otro de los ejes fue la necesidad de prohibir la reproducción y venta domiciliaria de perros de raza, una práctica que, según las proteccionistas, agrava la sobrepoblación y genera nuevos problemas. En ese punto, señalaron la comercialización ilegal de animales y la presencia creciente de perros con conductas complejas o razas mal manejadas, como pitbulls, dogos argentinos, lobos argentinos y también perros pequeños como caniches, que terminan abandonados en la calle.
También pidieron contemplar sanciones para quienes mantienen animales en malas condiciones: perros a la intemperie, encadenados, encerrados, usados como alarma en galpones, obras en construcción o espacios sin refugio adecuado. “El animal se adopta para acompañar a la familia, no para que sea una vigilancia”, plantearon, insistiendo en que la tenencia responsable debe cambiar hábitos profundamente arraigados.
Las proteccionistas destacaron que existe predisposición al diálogo y valoraron haber sido recibidas por distintos concejales. También manifestaron que el proyecto debe ser trabajado con seriedad, sin apresuramientos, para lograr una herramienta útil. Para ellas, no alcanza con aprobar una ordenanza: es necesario que el vecino la conozca, sepa cómo denunciar, entienda sus obligaciones y comprenda que cuidar animales también forma parte de construir una ciudad más humana.
El proceso legislativo que se abre en La Quiaca tiene ahora una oportunidad importante. El Concejo Deliberante puede transformar una discusión atravesada por malos entendidos en una construcción colectiva, con participación real de quienes conocen la problemática desde el territorio. Si logra ese consenso, la ciudad podría avanzar hacia una ordenanza moderna, aplicable y con mirada integral.
La protección animal no es un tema menor ni aislado. Habla de salud pública, convivencia, educación, sensibilidad social y responsabilidad ciudadana. La Quiaca tiene la posibilidad de ordenar una problemática creciente desde el diálogo y no desde la imposición. El desafío será convertir esa mesa de trabajo en una norma concreta que proteja a los animales, acompañe a quienes los cuidan y responsabilice a quienes los abandonan o maltratan.
