La Municipalidad de La Quiaca cerró un fructífero curso de Ayudante en Cocina Hotelera, una propuesta de formación que apunta a potenciar la gastronomía puneña como parte de la estrategia turística, comercial y cultural de la ciudad. Con 20 participantes, entre mujeres adultas, jóvenes y varones, el proceso permitió redescubrir sabores locales, incorporar ingredientes típicos y proyectar platos con identidad propia para una ciudad que busca plantarse ante el mundo desde su cultura, su frontera y su cocina.
La Quiaca. La Quiaca sigue dando pasos en una dirección estratégica: fortalecer su perfil turístico, comercial y cultural desde aquello que la hace única. En ese camino, la gastronomía aparece como una herramienta poderosa para contar territorio, historia, identidad y futuro. Con esa mirada, la Municipalidad de La Quiaca promovió el curso de Ayudante en Cocina Hotelera, que llegó a su finalización en la Confitería Terminal con una muestra de sabores, aprendizajes y creatividad puneña.

El chef instructor Eugenio Padilla, a cargo de la capacitación, destacó que el proceso no se limitó a enseñar técnicas de cocina, sino que buscó integrar la cultura propia de quienes viven en La Quiaca. “Fuimos incorporando esa relación con las hierbas, con los condimentos, con los aromas de la zona. No podemos escaparnos de esos sabores, porque forman parte de la identidad de quienes nacieron y habitan este territorio”, expresó.
El curso contó con 20 participantes, entre mujeres adultas, jovencitas y varones, que atravesaron un proceso de formación orientado no solo al oficio gastronómico, sino también a la posibilidad de emprender. La propuesta buscó que cada alumno pudiera pensar la cocina como una salida laboral, una herramienta de servicio y una forma de aportar a la construcción de una oferta turística con sello quiaqueño.

Durante las clases, los participantes trabajaron con ingredientes propios de la región como airampo, muña muña, rica rica, romero, chancaca, charqui, queso de cabra, leche de burra y hierbas puneñas. La combinación de aromas y sabores sorprendió a los propios alumnos, que empezaron a descubrir cómo productos cotidianos podían transformarse en platos con fuerte valor gastronómico y cultural.
Padilla explicó que una de las búsquedas fue fusionar materias primas simples con condimentos de identidad local. Como ejemplo mencionó preparaciones con peras al vino combinadas con rica rica, muña muña y chachacoma, o pizzas con charqui, queso de cabra y queso crema elaborado a partir de productos regionales. “La idea es que primero el quiaqueño y después el turista puedan valorar esto como un patrimonio gastronómico cultural”, señaló.

La formación también incorporó una mirada inclusiva y saludable. Hubo una clase específica sobre celiaquía y alimentos libres de gluten, donde se trabajaron preparaciones con harina de maíz, harina de habas y leche de burra. El objetivo fue mostrar que la cocina local también puede responder a condiciones de salud particulares y mejorar la calidad alimentaria de muchas personas.
En la etapa final, los alumnos presentaron platos elaborados con distintas técnicas: pollos rebozados con guarniciones, puré multicolor, calzones con rellenos especiales, preparaciones dulces y propuestas que buscaron impactar desde la vista, el olfato, el sabor y hasta el sonido de lo crocante. Para el chef instructor, un plato debe comenzar a disfrutarse antes del primer bocado: “Cuando se acerca al comensal, ya tiene que empezar a degustarse con los sentidos”.

El curso también dejó un mensaje claro para quienes participaron: seguir capacitándose y animarse a emprender. Padilla remarcó que cada clase buscó impulsar a los alumnos a construir proyectos gastronómicos responsables, conscientes y con diferencial local. En una ciudad que mira al turismo como oportunidad, la cocina puede convertirse en trabajo, identidad y experiencia.
La Quiaca tiene frontera, cultura, comercio, memoria, paisaje y una enorme riqueza culinaria por desarrollar. Este tipo de capacitaciones permiten que esos elementos no queden dispersos, sino que se transformen en una propuesta concreta para visitantes, vecinos y emprendedores. En cada plato con airampo, rica rica, muña muña, charqui o queso de cabra, la ciudad puede contar quién es y hacia dónde quiere ir.
La finalización del curso de Ayudante en Cocina Hotelera confirma que la gastronomía puneña tiene potencial para ocupar un lugar central en la nueva etapa turística y cultural de La Quiaca. No se trata solo de cocinar rico: se trata de construir identidad, generar trabajo, mejorar servicios y preparar a la ciudad para recibir al mundo con sabores propios. Porque cuando un territorio aprende a valorar lo que tiene, también aprende a proyectarse.
