La docente jubilada se desempeñó como maestra, directora y supervisora en distintas localidades de Jujuy. En la Región 1 tuvo a su cargo escuelas de La Quiaca, Yavi y Santa Catalina. Durante el homenaje por el Día del Maestro, destacó el valor del trabajo en equipo, la defensa de los derechos de los niños y una profesión que, aseguró, “se lleva para toda la vida”.
En el marco de las actividades por el Día del Maestro en La Quiaca, Gladys Guanca recibió un reconocimiento especial tras culminar una extensa trayectoria de 35 años en la docencia, período en el que ocupó diferentes responsabilidades dentro del sistema educativo provincial hasta finalizar su carrera como supervisora en la Región 1.
Guanca recordó que inició su camino profesional en Fraile Pintado, pasó luego por Libertador General San Martín y continuó su tarea en Perico. Más adelante asumió funciones directivas en distintas instituciones y posteriormente llegó a la supervisión, desde donde tuvo la posibilidad de acompañar escuelas de diferentes puntos de Jujuy.
Durante su etapa como supervisora, destacó especialmente el trabajo realizado en zonas de gran amplitud territorial, incluyendo establecimientos de la Quebrada, los Valles y la Puna. En los últimos dos años de su carrera se desempeñó en La Quiaca, teniendo bajo su responsabilidad escuelas de los departamentos Yavi y Santa Catalina, experiencia que recordó con especial afecto.

“Fueron 35 años de docencia llevados adelante con mucha pasión y mucho aprendizaje”, expresó. También remarcó que a lo largo de cada función mantuvo una misma convicción: trabajar para que las escuelas sean un espacio de contención para los niños, defender sus derechos y fortalecer el protagonismo y la formación de los docentes.
Guanca agradeció especialmente a los maestros, directores y equipos con los que compartió su recorrido profesional. Señaló que, incluso en los momentos difíciles, el trabajo colectivo dejó aprendizajes y vínculos que hoy forman parte de los recuerdos más valiosos de su carrera. “Fuimos compañeros de trabajo y compartimos cosas difíciles, pero nos quedamos con los mejores recuerdos”, sostuvo.
Ya desde la jubilación, la exsupervisora expresó que uno de los mayores regalos es reencontrarse con quienes formaron parte de ese camino. Los abrazos, las anécdotas y las historias compartidas se transformaron en una forma de volver a recorrer tantos años dedicados a la educación. “Amo esta noble profesión”, afirmó emocionada, y sintetizó su sentimiento con una frase que marcó el cierre de su testimonio: “La docencia se lleva para toda la vida”.
