En los actos centrales provinciales por el Día de la Bandera realizados en La Quiaca, el intendente Dante Velázquez encabezó junto al gobernador Carlos Sadir una jornada histórica para Jujuy. Desde la Puerta Norte de la Argentina, el jefe comunal reivindicó la figura de Manuel Belgrano, destacó el papel decisivo del norte en la independencia y planteó una fuerte reflexión sobre el centralismo, el olvido del interior, las políticas nacionales que castigan a las economías regionales y la necesidad de superar de una vez por todas las asimetrías que afectan a la Puna y al norte profundo.
Jujuy. La ciudad de La Quiaca vivió una jornada histórica en el Día de la Bandera al convertirse en sede de los actos centrales de la provincia de Jujuy. En la Puerta Norte de la Argentina, el intendente Dante Velázquez, junto al gobernador Carlos Sadir, encabezó una celebración cargada de patriotismo, memoria, identidad y profundo sentido federal.
Desde ese territorio de frontera, altura y pertenencia nacional, Velázquez eligió no quedarse solo en la conmemoración formal. Su discurso fue mucho más allá del homenaje protocolar a Manuel Belgrano. Habló de historia, de soberanía, de federalismo, de centralismo, de producción, de industria, de olvido y de la necesidad de que el norte argentino deje de ser tratado como una periferia sacrificable.
El intendente recordó que Belgrano lo dejó todo por la patria y que su paso por Jujuy no puede reducirse únicamente al Éxodo Jujeño. Destacó que el creador de la Bandera le dejó a esta tierra un legado inmenso: primero, la bendición de la Bandera Nacional en suelo jujeño; luego, la Bandera Nacional de la Libertad Civil, símbolo que el pueblo de Jujuy custodia como parte de su identidad más profunda.
Velázquez remarcó que Belgrano también pensaba la producción, la industria y el crecimiento de los pueblos con un Estado presente. En ese punto, trazó una comparación directa con la Argentina actual, donde muchas economías regionales y sectores productivos del norte profundo se ven castigados por políticas nacionales que parecen diseñadas lejos de la realidad territorial.
La crítica tuvo un fuerte contenido federal. El intendente habló del centralismo histórico vinculado al puerto, de esa Argentina que durante décadas concentró decisiones, recursos, comodidad y poder, mientras el norte ponía sacrificio, territorio, vidas, ponchos, herramientas y coraje para sostener la independencia. La Quiaca, en ese marco, no fue presentada como borde, sino como lugar de nacimiento y defensa de la patria.
“Acá nació la patria”, fue el eje conceptual que atravesó su mensaje. Velázquez recordó que mientras en otros puntos del país se declaraban fechas fundantes, en Jujuy, en la Puna y en el norte se seguía combatiendo, resistiendo y defendiendo la libertad. Allí ubicó el valor histórico de los pueblos norteños, de los gauchos, del Ejército del Norte y de quienes enfrentaron el avance realista desde los márgenes olvidados por la historia oficial.

El discurso también recuperó la dimensión social de Belgrano. Velázquez lo presentó como un hombre capaz de pensar en colectivo, con dignidad, respeto y solidaridad, lejos de los intereses mezquinos que muchas veces debilitaron el proyecto nacional. Esa mirada le permitió conectar pasado y presente: el problema no es solo histórico, sino político y actual.
En esa línea, el intendente planteó que las asimetrías no pueden ser aceptadas como una condena inmutable. La distancia entre el centro y el interior, entre el puerto y la frontera, entre las grandes decisiones nacionales y la vida real de la Puna, sigue siendo una herida abierta. Para Velázquez, hablar de federalismo exige reparar esa desigualdad estructural.

La Quiaca fue presentada como una plataforma estratégica y no como un límite geográfico. El intendente sostuvo que la ciudad y la Puna no son borde de nada ni de nadie, sino punto de encuentro, integración y mancomunidad entre pueblos. Ese mensaje cobra especial fuerza en una ciudad fronteriza que mira hacia Bolivia, hacia la provincia, hacia el país y hacia una historia compartida de intercambio cultural y resistencia.
El planteo de Velázquez también tuvo una proyección institucional. Le propuso al gobernador Carlos Sadir estudiar la posibilidad de institucionalizar cada 20 de Junio en La Quiaca como fecha de reafirmación del nacimiento de una nueva y gloriosa nación desde el norte profundo, en tiempos donde la palabra federalismo necesita dejar de ser discurso para convertirse en decisión política.

La presencia del gobernador Sadir junto al intendente Dante Velázquez reforzó el carácter provincial de una jornada inédita. Que los actos centrales del Día de la Bandera se hayan realizado en La Quiaca no fue un hecho menor: significó poner la mirada de Jujuy sobre su frontera, sobre su historia belgraniana y sobre una ciudad que reclama protagonismo, reconocimiento y obras.
Velázquez también hizo un llamado a superar las divisiones partidarias. Dijo que el pueblo necesita reencuentro, abrazo y unidad frente a los desafíos del presente. En su mensaje, la patria no aparece como una palabra abstracta, sino como una responsabilidad concreta hacia los niños, adolescentes, adultos mayores, trabajadores, comunidades y vecinos que todos los días sostienen la vida en la altura.
El cierre de su discurso tuvo tono de arenga patriótica. “Que viva Belgrano, que viva nuestra enseña patria, que viva La Quiaca, que viva Jujuy”, expresó ante una multitud que celebró el 20 de Junio con emoción y orgullo. No era solo una consigna: era la afirmación de una ciudad que quiere ser reconocida por lo que representa en la historia y por lo que puede aportar al futuro.
En el Día de la Bandera, La Quiaca habló por todo el norte profundo. Habló contra el centralismo, contra el olvido y contra las asimetrías que durante años limitaron el desarrollo de la Puna. Pero también habló con esperanza: la esperanza de que Jujuy vuelva a mirar hacia sus raíces belgranianas para construir una provincia más federal, más justa y más integrada.
