La Municipalidad de La Quiaca y estudiantes de la Escuela Normal participaron de una jornada especial junto a los adultos mayores. La Banda Municipal llevó música y alegría, mientras que las alumnas de Educación Física compartieron bailes, conversaciones y obsequios. La hermana Pascuala agradeció el acompañamiento y destacó la emoción de los residentes.

En el marco de la Semana del Abuelo, el hogar de ancianos de La Quiaca vivió una tarde diferente con la visita de representantes municipales y de la comunidad educativa de la Escuela Normal. La actividad buscó brindar compañía, entretenimiento y reconocimiento a quienes forman parte de la memoria viva de la ciudad.

Por parte del municipio participaron integrantes del gabinete, la Dirección de Cultura, el área de Tránsito y la Banda Municipal. La música transformó la jornada en una celebración: funcionarios, trabajadores y residentes compartieron canciones, bailes y momentos de cercanía.
A la propuesta se sumaron alumnas de Educación Física del nivel secundario de la Escuela Normal, acompañadas por la profesora Adelma Benavidez. Las estudiantes pertenecientes a las divisiones de quinto año bailaron con los adultos mayores, conversaron con ellos y colaboraron en la entrega de presentes.

La hermana Pascuala definió la jornada como “el broche de oro” de una serie de visitas recibidas durante el día. “Estamos agradecidos porque les hicieron pasar un momento hermoso a nuestros abuelos. Ellos disfrutan, miran, contemplan y después conversan entre sí sobre lo que vivieron”, expresó.
La religiosa explicó que muchos residentes requieren asistencia permanente, pero conservan plenamente su capacidad para emocionarse y disfrutar de la compañía. También destacó que estas actividades ayudan a quienes trabajan diariamente en la institución, porque generan entusiasmo y modifican positivamente la rutina del hogar.

La profesora Adelma Benavidez señaló que la Escuela Normal participa todos los años de estas celebraciones y que también organiza encuentros en otros momentos. “No venimos solamente a entregar algo, sino a bailar, jugar y pasar un buen tiempo. Lo más bonito es ver la sonrisa de un abuelo”, manifestó.

Las alumnas valoraron la posibilidad de compartir con los residentes y describieron la jornada como una experiencia significativa para toda la escuela. Algunas ya habían visitado la institución el año anterior y destacaron la importancia de volver, conversar y conocer las historias de quienes viven en el hogar.

El mensaje final trascendió la celebración. “La Semana del Abuelo no debe limitarse a una fecha de agosto, sino extenderse durante los 365 días del año”, sostuvo Benavidez. La invitación a la comunidad es sencilla pero profunda: encontrar tiempo para visitar, escuchar y acompañar, porque la presencia y el afecto también son formas esenciales de cuidado.
