La reciente entrega del Premio San Salvador a Luciana Álvarez puso en valor una trayectoria construida con esfuerzo, disciplina y compromiso social. Junto al profesor Ariel Corrillo, la atleta impulsa escuelas de taekwondo que contienen, forman y abren oportunidades para niños y jóvenes de La Quiaca, incluso frente a la falta de recursos económicos.
El taekwondo de La Quiaca volvió a ocupar un lugar destacado en el deporte jujeño con el reconocimiento otorgado a Luciana Álvarez, quien recibió recientemente el Premio San Salvador por su trayectoria y labor deportiva.
La distinción reunió a personalidades e instituciones destacadas de distintos ámbitos de la provincia. Entre los galardonados estuvieron el grupo Coroico, la cantante Cazzu, científicos, referentes culturales y jujeños reconocidos por su contribución en diversas áreas. Dentro de ese marco, la presencia de Luciana Álvarez representó un reconocimiento al deporte fronterizo y al trabajo cotidiano que se desarrolla desde La Quiaca.
Pero detrás del premio no aparece solamente la figura de una competidora. También está la historia de una formadora, una madre, una mujer creyente y una referente que convirtió sus experiencias personales en una herramienta para acompañar a otras personas.
Luciana Álvarez y Ariel Corrillo, atletas y formadores
Luciana Álvarez y el profesor Ariel Corrillo son exponentes, atletas y formadores del taekwondo quiaqueño. Ambos conducen un instituto desde el cual preparan a niños, adolescentes y jóvenes, transmitiendo no solamente conocimientos técnicos, sino también valores vinculados con el respeto, la perseverancia y la superación personal.

Álvarez destacó especialmente la tarea de Corrillo, a quien reconoció como una presencia permanente en su propia formación y en el acompañamiento de los alumnos.
El trabajo del profesor no se limita a preparar deportistas para una competencia. También consiste en orientar, contener y ofrecer una referencia adulta a chicos que muchas veces atraviesan dificultades familiares, emocionales o económicas.
Cuando el deporte logra trascender la competencia, adquiere una dimensión social. Un niño que llega sin objetivos puede encontrar una meta. Un adolescente atravesado por problemas puede descubrir un grupo de pertenencia. Un joven sin expectativas puede comenzar a imaginar un proyecto de vida saludable.
Ese es uno de los principales aportes de las escuelas de taekwondo y del instituto encabezado por Álvarez y Corrillo: convertir el entrenamiento en una herramienta de transformación personal y comunitaria.
Dos medallas de oro en Santiago del Estero
El reconocimiento provincial llegó en un momento de importante crecimiento competitivo para Luciana Álvarez. Durante el fin de semana reciente, la deportista conquistó dos medallas de oro en una competencia realizada en Santiago del Estero.
Los primeros puestos fueron obtenidos en las modalidades de formas y combate, confirmando su vigencia como atleta y el nivel alcanzado a través de años de preparación.
Cada medalla representa horas de entrenamiento, viajes, sacrificios personales y un esfuerzo económico que no siempre resulta visible. En muchas oportunidades, Luciana, Ariel, los alumnos y sus familias deben vender rifas y organizar actividades para financiar traslados, inscripciones y participación en torneos.
La falta de recursos, sin embargo, no se convirtió en un límite definitivo. Para Álvarez, cuando existen voluntad, constancia y decisión de luchar sin rendirse, los objetivos pueden alcanzarse.
Su historia también refleja una realidad frecuente en el deporte del interior: atletas con condiciones y resultados destacados que deben generar sus propios recursos para representar a sus ciudades y provincias.

El deporte como salida frente a la depresión
Durante la entrevista, Luciana habló con sinceridad sobre etapas depresivas que atravesó a lo largo de su vida. En esos momentos, el taekwondo se convirtió en un sostén y en una vía para recuperar fuerzas, disciplina y sentido personal.
Su testimonio adquiere una importancia particular porque permite mostrar a los jóvenes que las dificultades emocionales no deben transitarse en soledad y que es posible buscar acompañamiento, contención y espacios saludables.
Álvarez encuentra sus pilares en los principios del taekwondo y en su fe. Desde esas convicciones intenta orientar a los alumnos, no desde una posición distante, sino desde la experiencia de alguien que también enfrentó momentos complejos y logró reconstruirse.
El valor de su mensaje no reside en presentar al deporte como una solución automática para todos los problemas, sino en demostrar que puede ser una herramienta importante de acompañamiento, pertenencia y recuperación.
Madre, atleta y referente
Luciana también reivindicó su experiencia como madre. Su trayectoria demuestra que la maternidad no necesariamente representa el final de una carrera deportiva y que, con acompañamiento, planificación y decisión, una mujer puede regresar a la actividad, volver a competir y alcanzar un alto rendimiento.
Su recuperación deportiva después de ser madre funciona como un mensaje para otras mujeres que desean retomar una actividad física, reconstruir su confianza o volver a plantearse objetivos personales.
No se trata solamente de obtener medallas. Se trata de demostrar que la identidad de una mujer no queda limitada a una sola dimensión y que la maternidad puede convivir con los sueños deportivos, la formación profesional y el liderazgo comunitario.
Las escuelas municipales de taekwondo
Luciana Álvarez también resaltó el compromiso del intendente Dante Velázquez con el crecimiento de la disciplina.
Según recordó, el jefe comunal Dante Velázquez planteó que “el taekwondo no puede ser una isla, debemos integrarnos”. A partir de esa definición comenzaron a desarrollarse las escuelas municipales de taekwondo, con diferentes puntos de enseñanza distribuidos en La Quiaca.
La integración permitió ampliar la llegada de la actividad y generar oportunidades para niños y jóvenes que anteriormente podían encontrar dificultades para acceder a una formación sistemática.
El reconocimiento a Luciana y el crecimiento de la disciplina ya habían sido destacados públicamente, junto con la proyección de un espacio específico para el taekwondo dentro del desarrollo deportivo municipal.
Esta articulación entre el instituto, los formadores, las familias y el municipio representa una posibilidad concreta de ampliar la base deportiva. Sin embargo, también plantea el desafío de garantizar continuidad, equipamiento, espacios adecuados y acompañamiento para quienes deben viajar a competir.
