La participación de La Quiaca en el Congreso Nacional de la Juventud terminó con un logro que excede un puesto en una competencia: los estudiantes Milagro Maldonado, Celeste García, Alejandra Flores, Mía Abán y Nahuel Bejarano alcanzaron el segundo lugar y representaron a la ciudad en una instancia donde jóvenes de distintas provincias debatieron problemáticas reales y construyeron proyectos vinculados con educación, empleo, tecnología y futuro. El intendente Dante Velazquez, que acompañó personalmente a la delegación durante las jornadas, recibió a los estudiantes y destacó la solvencia, creatividad y compromiso con que defendieron sus ideas.
Velazquez puso el acento en que el resultado no debe medirse únicamente en términos competitivos. Durante el Congreso, los jóvenes trabajaron junto a estudiantes de otras provincias y departamentos de Jujuy, atravesando una dinámica que los obligó a identificar problemas concretos y transformarlos en propuestas. “Los jóvenes vienen muy atrevidos, con mucha fuerza, con muchas ganas; enfrentan las criticidades con proyectos muy innovadores”, señaló el intendente al referirse al desempeño de la delegación quiaqueña.

Uno de los proyectos presentados fue Tecnolab, una plataforma pensada para conectar estudiantes que necesitan apoyo académico con docentes que buscan oportunidades laborales. La propuesta plantea perfiles diferenciados para alumnos y profesores, clases virtuales, sistemas de valoración y un esquema de honorarios donde el 85% quedaría para el docente y el 15% para quienes desarrollen la plataforma. La idea nació de una problemática muy concreta: docentes formados que no consiguen horas de trabajo y alumnos que, por distancia o costos, no siempre pueden acceder a profesores particulares.
Otros grupos abordaron la dificultad de insertarse laboralmente después de terminar los estudios y desarrollaron plataformas para vincular trabajadores y empleadores, mientras que OVA —Orientación Vocacional Activa— buscó responder a la incertidumbre que enfrentan muchos estudiantes cuando terminan la secundaria y no saben qué carrera seguir. Las propuestas tuvieron un elemento común: no quedarse en la descripción del problema, sino intentar construir una herramienta que pudiera resolverlo.

El intendente también recordó su propia experiencia juvenil. Relató que en 1984, poco después del regreso de la democracia, participó de una de las primeras experiencias de este tipo, cuando los jóvenes discutían integración latinoamericana en un contexto muy distinto. “Ellos en esta instancia están fortaleciendo la democracia a más de 40 años”, expresó, contrastando aquella época de máquinas de escribir y enormes distancias con una generación que hoy dispone de internet, tecnología e inteligencia artificial para construir soluciones.
Velazquez fue todavía más categórico al hablar del lugar que deben ocupar estos jóvenes en la comunidad: “Estamos en presencia de los futuros líderes de la Argentina”. Y planteó que los proyectos ganadores no deberían quedar archivados después del Congreso, sino comenzar a circular, ser conocidos por el sector privado, por instituciones públicas y por universidades. Incluso surgió la propuesta de que iniciativas premiadas puedan comenzar un recorrido desde La Quiaca, dando protagonismo al interior provincial dentro de la Fiesta Nacional de los Estudiantes.

El segundo lugar obtenido por Milagro Maldonado, Celeste García, Alejandra Flores, Mía Abán y Nahuel Bejarano deja, entonces, una señal poderosa. Desde uno de los puntos más septentrionales del país, jóvenes de La Quiaca demostraron que la distancia no es un límite para producir ideas, discutir de igual a igual y competir en escenarios de alcance nacional. Velazquez lo sintetizó al despedirlos: “Han dejado bien puesta la vara, la han dejado muy arriba”.
La Quiaca regresó del Congreso con un segundo puesto, pero también con algo más difícil de medir: estudiantes que descubrieron que sus ideas pueden atravesar kilómetros, encontrar interlocutores y transformarse en proyectos. El premio fue importante; la verdadera conquista fue demostrar que desde la Puna también se puede pensar el futuro.
