El atardecer puneño cobró un brillo especial cuando Sergio Galleguillo, uno de los grandes referentes del folklore nacional, hizo un alto en su viaje familiar para compartir un cálido momento en la ciudad de La Quiaca. Esta vez, no bajó de “El camión de Germán”, sino de su inconfundible micro, con su nombre estampado en letras grandes, como su arte y su humildad. Lo acompañaban su esposa, la campeona mundial de pádel Silvana Campus, amigos y familiares.
El artista fue recibido en el Hotel de Turismo Municipal por la jefa de Gabinete del municipio, en representación del intendente Dante Velázquez y Silvano Velázquez, quienes le enviaron su afectuoso saludo. Allí, compartieron una merienda que se transformó rápidamente en un encuentro de afecto, risas y fotos improvisadas con vecinos que tuvieron la suerte de cruzarse con él.
Galleguillo no fue solo un visitante de paso. Demostró conocer y valorar profundamente la identidad local: habló con admiración de la Manka Fiesta, las rutas culturales que conectan La Quiaca con Bolivia, y el papel estratégico de la ciudad como punto de integración.
Durante la charla, el equipo municipal puso al tanto al artista de las gestiones que lleva adelante la actual administración. Galleguillo, con su carisma habitual, manifestó su disposición total para volver a La Quiaca y participar de eventos como el aniversario de la ciudad, la Manka Fiesta o cualquier celebración popular donde pueda ofrecer su música y su corazón al pueblo quiaqueño.
La sorpresa del encuentro fue también la presencia de Silvana Campus, su compañera de vida y multicampeona de pádel. No menos carismática, Silvana expresó su entusiasmo por desarrollar actividades deportivas que acerquen el pádel a las juventudes puneñas, ofreciendo su experiencia y nombre al servicio de un proyecto de inclusión y crecimiento.
Lo que parecía un encuentro informal terminó dejando una semilla fértil de futuras colaboraciones. Desde el municipio ya se trabaja en una agenda común con el artista y su entorno, que apunte a fortalecer el perfil turístico, cultural y deportivo de la ciudad.
Antes de partir, entre abrazos y sonrisas, Galleguillo prometió volver. Y en esa promesa, La Quiaca encontró mucho más que un gesto de cortesía: halló un aliado sincero para seguir construyendo futuro desde el arte y la comunidad.
