En una decisión de alto impacto institucional y fuerte contenido político, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, resolvió intervenir con obras de reparación en una arteria de jurisdicción nacional que conecta con el puente internacional Horacio Guzmán, frente al abandono de los organismos competentes. Con personal y recursos municipales, la comuna inició trabajos de bacheo, compactación y asfaltado en frío para dar una respuesta inmediata a una zona clave para el tránsito fronterizo, el comercio y la vida diaria de miles de vecinos.

La Quiaca, 26 de abril del 2026 // Hay momentos en los que gestionar no consiste en esperar expedientes, sino en asumir responsabilidades. Y eso es lo que ocurrió en La Quiaca, donde el intendente Dante Velázquez tomó una decisión que excede la rutina administrativa: intervenir con obras concretas en un sector de jurisdicción nacional que había quedado librado al deterioro, a la desidia y al riesgo cotidiano, a metros del puente internacional Horacio Guzmán, la arteria vital, la cual es la puerta norte del país -literal no metáfora-.

La escena es contundente. En una de las conexiones viales más transitadas de la ciudad, utilizada a diario por vehículos particulares, transporte de carga, trabajadores y ciudadanos que circulan hacia el complejo fronterizo, el Estado nacional dejó una arteria clave en condiciones críticas. Frente a esa inercia, el municipio decidió no mirar para otro lado. Decidió actuar.
Desde las primeras horas de la tarde, personal de Obras Públicas de la Municipalidad de La Quiaca comenzó tareas de bacheo frente al Automóvil Club Argentino, para luego continuar sobre un tramo de aproximadamente 100 metros lineales de camino de tierra, en una intervención pensada para restablecer condiciones mínimas de transitabilidad en un punto neurálgico del sistema fronterizo.

La magnitud del trabajo no es menor. El ingeniero Emanuel Churquina, responsable del área de Obras y Servicios Públicos, explicó que se cubrirán casi 400 metros cuadrados, distribuidos en dos tramos que conducen hasta el puente internacional. Detalló además que uno de los sectores presenta pavimento totalmente dañado y otro quedó directamente sin intervención previa, convertido prácticamente en una franja de tierra.
Según precisó el funcionario, la obra contempla movimiento de suelo, compactación de la superficie, impregnación y colocación de asfalto en frío, con especial atención sobre la resistencia de la calzada, ya que por allí circulan vehículos pesados y unidades cargadas. En el tramo más comprometido, se realizará incluso una tarea más profunda: extracción de parte del terreno, conformación de una base firme y luego la colocación de entre 5 y 7 centímetros de asfalto en frío.

Churquina fue claro al explicar el sentido de la intervención: se trata de una respuesta a una necesidad urgente de la comunidad, en una calle que no solo conecta con el paso fronterizo, sino que además representa una vía obligada y estratégica para la ciudad. La arteria, dijo, se encontraba “completamente destruida”, y el objetivo es resolver un problema que padecen todos los días los vecinos y quienes transitan por la zona.
También reconoció que la ejecución enfrenta desafíos logísticos, ya que el material asfáltico en frío debe ser trasladado desde Perico, lo que exige coordinación y tiempos precisos para que llegue en condiciones adecuadas. A eso se suma la espera de un rodillo que permitirá optimizar el trabajo. Aun así, la previsión oficial es avanzar para que la situación quede resuelta antes del fin de semana.

Lo que está ocurriendo en La Quiaca tiene una lectura más profunda. No es solo una reparación vial. Es una señal política e institucional. Es la demostración de que, incluso en tiempos de ajuste y parálisis de la obra pública nacional, hay gobiernos locales que deciden no resignarse al abandono. Y lo hacen sin estridencias, con una lógica simple pero poderosa: si una necesidad es urgente y afecta a la comunidad, alguien tiene que hacerse cargo.
En ese sentido, la definición del intendente Dante Velázquez adquiere un valor especial. Su gesto no plantea una confrontación estéril con otras jurisdicciones, sino una salida concreta ante una omisión evidente. Es una acción que combina autonomía, responsabilidad y solidaridad institucional. Porque cuando una arteria fronteriza colapsa, no se daña solo un pedazo de calle: se afecta la circulación, la seguridad, la imagen urbana y el vínculo funcional con uno de los pasos internacionales más importantes del norte argentino.

En una época donde muchas veces sobran diagnósticos y faltan respuestas, La Quiaca decidió moverse. Y lo hizo bajo una consigna que empieza a tomar cuerpo real en la gestión: hechos, no palabras. Allí donde otros dejaron el vacío, el municipio puso máquinas, planificación y decisión. Allí donde la burocracia se volvió excusa, la gestión local eligió transformarse en solución.
