La comunidad quiaqueña culminó la novena en honor a Santa Anita con la tradicional fogata, una celebración atravesada por la fe, el encuentro vecinal y la memoria familiar. Julio Fabián Sivila destacó la colaboración sostenida de la Municipalidad de La Quiaca, especialmente a través de las áreas de Cultura y Desarrollo Social, e invitó a participar de la misa y posterior procesión previstas para este domingo.

La fogata volvió a encenderse este sábado frente a la gruta de Santa Anita, luego de nueve jornadas de oración compartidas por devotos, vecinos y familias que sostienen una de las expresiones religiosas más antiguas de La Quiaca. Alrededor del fuego se compartieron vino caliente y anchi, mientras el clima permitió vivir con mayor comodidad una ceremonia que en otros años estuvo marcada por el frío intenso y el viento puneño. No fue solamente el cierre de una novena: fue la renovación de una tradición que atraviesa generaciones y conserva un lugar profundo en la identidad de la ciudad.
Julio Fabián Sivila explicó que la novena se rezó durante los nueve días en el mismo lugar y que la fogata constituye el cierre tradicional previo a la celebración central. Aunque reconoció que la concurrencia fue moderada, valoró la presencia constante de los devotos y de quienes colaboraron diariamente. También destacó el respaldo de la Municipalidad de La Quiaca, que acompañó la organización, ofreció el anchi al finalizar la ceremonia y realizó distintos aportes para que cada jornada pudiera desarrollarse con normalidad.

El acompañamiento municipal se expresó especialmente a través de las áreas de Cultura y Desarrollo Social, dentro de una política orientada a preservar las manifestaciones religiosas, comunitarias y patrimoniales de la ciudad. En una época donde muchas costumbres corren el riesgo de diluirse, la presencia del Estado local resulta determinante para asegurar infraestructura, asistencia y continuidad. Respaldar la celebración de Santa Anita significa proteger una historia que pertenece a las familias organizadoras, pero también a toda la comunidad quiaqueña.
Sivila agradeció a la familia Nieves, a los vecinos y a las familias Solís y Pacheco, además de reconocer especialmente la colaboración del municipio. La historia de la celebración está íntimamente vinculada con su propia familia: según relató, la imagen fue llevada a La Quiaca por un hijo de crianza de su abuelo, quien había realizado carrera en la Marina y la entregó como obsequio a sus mayores. Con el paso del tiempo, la imagen fue donada a la ciudad durante la gestión de Carlos Cabana y se construyó la gruta donde continúa realizándose la feria. Desde entonces, Santa Anita dejó de pertenecer exclusivamente a una familia para convertirse en patrimonio espiritual de La Quiaca.

La festividad tiene una presencia documentada en la ciudad desde la década de 1940 y combina misa, procesión, feria y venta de piezas en miniatura. Durante décadas también funcionó como espacio de trueque, encuentro comunitario y entretenimiento, con monedas simbólicas, juegos y pequeños objetos que representaban los deseos y proyectos de los participantes. La tradición de Santa Anita se encuentra relacionada con la cultura andina de las miniaturas y mantiene semejanzas con la feria de Alasitas, aunque con una identidad propia profundamente arraigada en la frontera quiaqueña.
La celebración continuará este domingo con la misa de las 9 en la iglesia, debido a los compromisos pastorales que impiden realizarla frente a la gruta. Luego, los devotos acompañarán la imagen en procesión hasta el lugar tradicional, donde se espera compartir chocolate y dar comienzo a la Feria de Santa Ana. Sivila invitó a toda la comunidad a levantarse temprano, participar y contribuir a que esta manifestación no se pierda. La fogata de este sábado dejó un mensaje sencillo pero poderoso: mientras haya vecinos, familias y un municipio dispuestos a sostenerla, la llama de Santa Anita continuará encendida en La Quiaca.
