La Municipalidad de La Quiaca realizó este mediodía la ceremonia oficial en honor a la Pachamama en la Plaza Centenario, junto a la casilla de Turismo. Encabezado por el intendente Dante Velazquez, el encuentro reunió a autoridades, vecinos y turistas alrededor de una práctica ancestral que combina agradecimiento, espiritualidad, memoria comunitaria y esperanza. El jefe comunal pidió prosperidad para los productores, salud para las familias y una sociedad más solidaria, empática y respetuosa.
La ceremonia volvió a expresar una de las dimensiones más profundas de la identidad quiaqueña. En agosto, la Pachamama no aparece solamente como una evocación del pasado, sino como una presencia viva que ordena los ciclos de la producción, recuerda el origen de los alimentos y enseña que la relación con la tierra debe sostenerse en la reciprocidad. En la frontera norte, agradecer también significa reconocer que ninguna comunidad puede crecer si pierde su vínculo con el territorio que la sostiene.
Velazquez definió el mes de agosto como un tiempo “importante” y “sentido” para los pueblos de la Puna. Señaló que la ceremonia permite “ratificar ese sentido de pertenencia a nuestras costumbres y a nuestras tradiciones”, honrando a quienes hicieron posible que esos saberes llegaran hasta el presente. Su mensaje buscó unir la espiritualidad ancestral con una responsabilidad concreta: cuidar la tierra, respetar sus ciclos y fortalecer los lazos entre las personas.

El intendente pidió a la Madre Tierra que el nuevo ciclo llegue “regado de muchas bendiciones”, con productividad, salud y bienestar para las familias. Pero su invocación fue más allá de lo material. También reclamó la sabiduría necesaria para “ser más solidarios, más empáticos, más humildes” y para que la indiferencia entre los vecinos sea cada vez menor. En ese punto, la ceremonia adquirió un sentido social: el equilibrio con la naturaleza también exige equilibrio dentro de la comunidad.

La referencia a los Apus, al Inti y al Huayra aportó el marco espiritual andino de la jornada. Velázquez agradeció la protección de las montañas, la presencia del sol y el viento, los ríos y la tierra. Esos elementos conviven en la religiosidad popular puneña con otras expresiones de fe, construyendo un sincretismo que no divide, sino que reúne. La Pachamama se honra desde la memoria ancestral, pero también desde la oración, la devoción familiar y la esperanza compartida.
“Somos privilegiados de estar en la tierra donde estamos”, afirmó el intendente al referirse a La Quiaca como Puerta Norte de la Argentina y punto de encuentro entre pueblos. En sus palabras, conocer de dónde viene la comunidad es indispensable para decidir hacia dónde quiere avanzar. Ese camino, sostuvo, debe recorrerse “comulgando el verbo de la unidad” y recuperando la humildad que caracterizó a los antepasados.

La producción ocupó un lugar central en el mensaje. Velázquez pidió que la tierra bendiga a agricultores y criadores, que los frutos lleguen en el momento adecuado y que las familias sepan acompañar los ritmos naturales. “Esta Madre Tierra es tan sabia que ella misma nos enseña los tiempos”, expresó, advirtiendo que no deben forzarse ni ignorarse esos ciclos porque la naturaleza termina mostrando sus límites.
El jefe comunal también vinculó la ceremonia con la posibilidad de reconocer errores. Afirmó que una sociedad agradecida debe ser capaz de pedir perdón y solicitar templanza para corregir aquello que no se hizo bien. “Veo en el horizonte un mejor tiempo por venir porque nos lo merecemos”, sostuvo, apoyando esa esperanza en la fe, el aprendizaje y la capacidad colectiva de rectificar el rumbo.

Finalmente, Velazquez recuperó una enseñanza transmitida por padres y abuelos: “Cuídate, nos cuidemos”. Esa expresión resumió el espíritu del encuentro. Cuidarse implica obrar bien, reducir las diferencias, abandonar egoísmos, respetar al otro y comprender que el bienestar individual nunca puede separarse del bienestar comunitario.
La ceremonia oficial dejó así un mensaje cultural y humano para toda La Quiaca. Honrar a la Pachamama no consiste únicamente en cumplir un rito: significa agradecer, pedir permiso, devolver, reconocer límites y renovar el compromiso con la tierra y con quienes la habitan. En tiempos difíciles, la comunidad volvió a reunirse alrededor de una certeza ancestral: la esperanza también se cultiva.
