En el marco de la conmemoración del 25 de agosto, la directora de la ECA Nº 14 de La Quiaca, Nilda Erazo, destacó el trabajo cotidiano que realiza la institución con estudiantes dentro del espectro autista. La escuela articula apoyos en distintos niveles educativos de la ciudad y sostiene una premisa central: cada estudiante requiere estrategias diferentes y tiene los mismos derechos a participar plenamente de la vida educativa y social.
La Escuela de Configuraciones de Apoyo Nº 14 de La Quiaca volvió a poner en agenda la importancia de comprender, acompañar e incluir a las personas dentro del espectro autista. Su directora, Nilda Erazo, explicó que la institución trabaja de manera permanente en distintos niveles educativos de la ciudad, acompañando a estudiantes que requieren configuraciones específicas para garantizar su aprendizaje, su participación y su integración dentro de la comunidad escolar.
Erazo remarcó que el autismo presenta un espectro muy amplio y que, por esa razón, no existen respuestas pedagógicas uniformes. Algunos estudiantes pueden necesitar apoyos visuales como pictogramas, otros requieren momentos de descanso, caminatas para canalizar determinados estímulos o rutinas estructuradas que les permitan anticipar qué sucederá durante la jornada. Otros, en cambio, pueden desenvolverse con mayor flexibilidad frente a cambios imprevistos. La clave, explicó, es observar a cada persona y construir el acompañamiento en función de sus necesidades concretas.
La directora también puso el foco en uno de los desafíos culturales que todavía persisten: evitar interpretar determinadas conductas desde el prejuicio. Señaló que una reacción frente a un estímulo, un cambio de rutina o una situación que genera malestar no debe confundirse automáticamente con un “berrinche” o una conducta caprichosa. Muchas veces, indicó, es la forma que encuentra el estudiante para expresar algo que le incomoda o que no puede comunicar de otra manera.
La ECA Nº 14 acompaña tanto a alumnos que concurren a su sede como a estudiantes escolarizados en otras instituciones de La Quiaca. Esa tarea convierte a la escuela en un actor clave dentro del sistema educativo local, porque permite articular estrategias con docentes y establecimientos de distintos niveles. Erazo sostuvo que existe una matrícula importante de estudiantes con estas características y que el trabajo requiere observación, adaptación y seguimiento permanente.
Ese proceso obliga también a una capacitación continua de los docentes. La propia directora reconoció que los conocimientos sobre autismo fueron modificándose con el tiempo y que aquello aprendido durante la formación inicial ya no alcanza para responder a todas las situaciones actuales. La práctica cotidiana, la investigación, la lectura y el intercambio profesional resultan esenciales porque una estrategia que funciona con un estudiante puede no resultar adecuada para otro.
La experiencia de la ECA Nº 14 deja en La Quiaca un mensaje que trasciende una fecha conmemorativa. La verdadera inclusión no consiste solamente en incorporar a un estudiante dentro de un aula, sino en garantizarle condiciones reales para aprender, expresarse y formar parte de la comunidad. El desafío educativo está justamente allí: pasar de la integración formal a una escuela capaz de reconocer las diferencias sin convertirlas en barreras.
En una ciudad fronteriza donde las instituciones educativas cumplen además una fuerte función comunitaria, el trabajo que encabeza Nilda Erazo contribuye a instalar una mirada más respetuosa sobre el autismo y sobre la diversidad en general. La pregunta que queda abierta para toda la sociedad quiaqueña es necesaria: ¿estamos preparados para comprender que incluir no significa pedirle a todos que se adapten de la misma manera, sino construir espacios capaces de adaptarse también a cada persona?
