La cancha de Juventud Católica fue escenario de una intensa jornada de Juegos Intercolegiales de handball para alumnos de nivel primario de La Quiaca. Los profesores Marcelo Tejerina y Gabriel Flores coordinaron la actividad, que reunió a 23 equipos de distintas escuelas de la ciudad y contó con el acompañamiento de estudiantes del Profesorado de Educación Física del IES.
La ciudad de La Quiaca vivió una nueva jornada deportiva destinada a los más chicos con la realización de los Juegos Intercolegiales de handball en la cancha de Juventud Católica. La propuesta estuvo coordinada por los profesores Marcelo Tejerina y Gabriel Flores, quienes destacaron la amplia participación de las escuelas primarias y el entusiasmo de los alumnos ante una disciplina que todavía busca mayor desarrollo dentro de la ciudad.

En total participaron 12 equipos masculinos y 11 femeninos, integrados por chicos y chicas de entre 12 y 13 años. Entre las instituciones presentes estuvieron la Escuela de Frontera, la Escuela N.º 86, la N.º 113, la N.º 440, la N.º 404 y la Escuela Normal, todas con representaciones masculinas y femeninas. La modalidad fue de eliminación directa, con clasificación hacia semifinales y finales durante la misma jornada.
Los profesores remarcaron que el handball todavía no cuenta con una liga consolidada en La Quiaca, por lo que este tipo de encuentros cumple una doble función: fomentar la práctica deportiva entre los estudiantes y abrir la posibilidad de que la disciplina gane espacio también fuera del ámbito escolar. “Los chicos están disfrutando de algo nuevo, de un deporte que no es muy practicado, pero se ven muchas habilidades y mucha competencia”, señalaron durante la actividad.

La jornada también permitió visibilizar el trabajo articulado con el IES de La Quiaca, ya que estudiantes del Profesorado de Educación Física, particularmente de la cátedra de handball, colaboraron en tareas de arbitraje, confección de planillas y organización general del torneo. Esa participación fortalece además la formación práctica de futuros docentes y genera un vínculo directo entre el nivel superior y las escuelas de la ciudad.
Tejerina y Flores destacaron especialmente el acompañamiento de los docentes y directivos, quienes autorizaron y acompañaron la participación de los alumnos. El cierre de la jornada incluyó la definición de los primeros puestos y la entrega de premios, con reconocimiento para los equipos mejor ubicados y la intención de extender también la premiación al tercer lugar.

Más allá del resultado deportivo, los Juegos Intercolegiales dejaron una señal importante para La Quiaca: ampliar la oferta de disciplinas puede generar nuevas oportunidades de participación para niños y adolescentes. En una ciudad donde el deporte tiene un fuerte valor social, encuentros como este permiten descubrir talentos, fortalecer vínculos entre escuelas y promover hábitos saludables desde edades tempranas.
La experiencia en Juventud Católica también abre una perspectiva hacia adelante. Si el entusiasmo demostrado por estudiantes, docentes y futuros profesores se sostiene, el handball puede dejar de ser una actividad ocasional y convertirse en una disciplina con mayor presencia en la ciudad. La pregunta ahora es si este impulso podrá transformarse en una propuesta permanente que convoque no solo a las escuelas, sino también a clubes y organizaciones de toda La Quiaca.
