Desde el kilómetro cero de la frontera argentina, Dante Velázquez reivindicó el legado del Éxodo Jujeño como una enseñanza vigente de soberanía, solidaridad y defensa de la Patria. El intendente de La Quiaca reclamó que el 23 de Agosto sea declarado feriado nacional y anunció una campaña institucional y ciudadana para llevar el pedido hasta el Congreso.
En el extremo norte argentino, allí donde el país deja de pensarse como periferia y comienza a integrarse físicamente con el continente, La Quiaca conmemoró el 214º aniversario del Éxodo Jujeño con un mensaje cargado de memoria histórica, soberanía y reflexión política. El intendente Dante Velázquez aprovechó la fecha para recuperar el sentido profundo de la gesta de 1812 y vincularlo con los desafíos actuales que atraviesan Jujuy, las fronteras y la Argentina.

Velázquez agradeció la participación de instituciones, autoridades, comunidades educativas, agrupaciones gauchas y vecinos que acompañaron los actos, pero rápidamente llevó su discurso más allá de la ceremonia. “La frontera de La Quiaca ha integrado a la Argentina al continente”, sostuvo, colocando a la ciudad en un lugar estratégico dentro de la historia y del presente nacional. Desde esa perspectiva, la frontera no aparece como el final del territorio argentino, sino como su primera puerta de encuentro, intercambio y conexión con Sudamérica.

El jefe comunal recordó el sacrificio realizado por el pueblo jujeño bajo las órdenes del general Manuel Belgrano, cuando la población abandonó sus hogares y destruyó bienes y cosechas para impedir el avance realista. Aquella decisión extrema, señaló, no sólo permitió resistir al dominio español, sino que sentó las bases de una defensa colectiva de la soberanía. Velázquez evocó también el regreso y la reconstrucción posterior de Jujuy, planteando una pregunta que atraviesa generaciones: cómo una sociedad logra levantarse después de haberlo perdido prácticamente todo.

Desde esa memoria histórica, el intendente trazó un paralelo con el presente. Advirtió sobre tiempos marcados por la confrontación, la división y la pérdida de solidaridad, y llamó a recuperar el diálogo y la construcción colectiva. “Las diferencias las podemos conversar”, sostuvo, al tiempo que reivindicó valores como la empatía, el respeto, el amor a la Patria y el compromiso con lo público. Para Velázquez, la enseñanza del Éxodo Jujeño no debe quedar atrapada en los libros de historia, sino convertirse en una referencia para enfrentar las dificultades actuales.
Uno de los pasajes más fuertes de su reflexión estuvo vinculado a la defensa de los recursos y del territorio nacional. Velázquez cuestionó que aquello que generaciones anteriores defendieron incluso con sus vidas pueda ser entregado o debilitado en el presente. Su mensaje adquirió una dimensión particularmente significativa desde La Quiaca: en la frontera, hablar de soberanía no es una abstracción, sino una realidad cotidiana. La historia de Jujuy, señaló en esencia, obliga a recordar que la tierra, los recursos y la independencia no fueron concesiones gratuitas, sino conquistas construidas con enormes sacrificios.
El intendente también renovó un reclamo histórico: que el 23 de Agosto sea reconocido como feriado nacional. Consideró injusto que una de las gestas fundamentales de la independencia argentina todavía no cuente con el reconocimiento institucional que merece. En ese sentido, anunció que impulsará un decreto municipal, con invitación al Concejo Deliberante, para iniciar una campaña de adhesión y recolección de firmas que será elevada a la Legislatura provincial y al Congreso de la Nación.
Velázquez propuso que vecinos, estudiantes, instituciones y organizaciones de La Quiaca puedan participar de esa iniciativa desde el Complejo Cultural Manka Fiesta. La intención es transformar el reclamo en una expresión colectiva y extenderlo hacia otros municipios jujeños. “Somos el kilómetro cero, somos la primera puerta que se toca”, remarcó, reclamando que la voz de la Puna y de las localidades fronterizas sea escuchada con mayor fuerza en las decisiones nacionales.

La jornada tuvo además un fuerte componente cultural y comunitario, con participación de agrupaciones gauchas, destrezas criollas, jineteada, música, danza y gastronomía regional. Velázquez destacó especialmente la presencia de niños y jóvenes, a quienes señaló como destinatarios fundamentales de la memoria histórica. La figura simbólica de Belgrano, representada durante el acto por un niño, condensó precisamente esa intención: transmitir a las nuevas generaciones que la Patria no es solamente una herencia recibida, sino una responsabilidad que debe preservarse y reconstruirse todos los días.

Desde La Quiaca, el mensaje del 23 de Agosto adquirió así una dimensión que excedió la evocación histórica. En la ciudad donde la Argentina comienza a encontrarse con Bolivia y con el resto del continente, Dante Velázquez convirtió la conmemoración en un llamado a defender la soberanía, reconstruir los vínculos sociales y recuperar el sentido colectivo de la Patria. A 214 años del Éxodo Jujeño, la frontera volvió a recordar que, muchas veces, los grandes procesos nacionales comenzaron precisamente desde aquellos territorios que el poder central suele considerar distantes.
