El Centro de Educación No Formal N° 1 de La Quiaca celebró sus 39 años de vida institucional con un acto que reunió a autoridades, docentes, personal de servicio, estudiantes e invitados. Su director, Rubén Alfredo Lamas, destacó la historia de una institución que nació con una fuerte función social: brindar albergue, formación y oportunidades educativas a personas provenientes de comunidades alejadas. Hoy, con 16 ofertas formativas y una demanda creciente, el principal desafío vuelve a ser el mismo: seguir ampliando oportunidades pese a la falta de un edificio propio.

El aniversario permitió recuperar una parte importante de la memoria educativa de La Quiaca. Lamas recordó que la institución nació con el objetivo de prestar servicios concretos a la comunidad y que, en sus primeros años, funcionó también como albergue para jóvenes y personas de zonas alejadas que llegaban a la ciudad para estudiar. Allí podían alimentarse, dormir y continuar sus estudios primarios, secundarios o terciarios. Esa raíz explica buena parte de la identidad que todavía conserva el Centro: formar para dar herramientas reales de vida.
Con el paso de los años, aquella misión se amplió. Actualmente el Centro de Educación No Formal N° 1 cuenta con 16 ofertas formativas, una cantidad que fue creciendo en respuesta a las necesidades de la población. La capacitación en oficios técnicos se complementó progresivamente con nuevas áreas, entre ellas gastronomía y textil, configurando un abanico cada vez más amplio para quienes buscan aprender una profesión, perfeccionarse o encontrar una herramienta que les permita generar ingresos.

El propio recorrido de Lamas refleja esa filosofía. Durante su intervención recordó que él mismo realizó talleres de electrónica, sanitaria, gas y mecánica de motos antes de continuar su formación técnica. Esa experiencia personal le permitió subrayar el valor que tiene para jóvenes y adultos acceder a conocimientos prácticos que pueden convertirse posteriormente en trabajo. En una ciudad fronteriza como La Quiaca, donde ampliar las posibilidades laborales es una necesidad permanente, la formación profesional cumple además una función económica y social estratégica.
Pero el crecimiento también expuso una dificultad que la institución arrastra desde hace años: no posee edificio propio. El inmueble donde funciona actualmente es alquilado y el espacio resulta cada vez más reducido frente a la cantidad de talleres y estudiantes. El director explicó que permanentemente deben reorganizar espacios e incluso trabajar con materiales acumulados para distintas capacitaciones. Aun así, docentes y alumnos continúan sosteniendo actividades y desarrollando nuevos proyectos con los recursos disponibles.
A 39 años de su creación, el Centro de Educación No Formal N° 1 conserva una característica que explica su vigencia: adapta su oferta a las necesidades de cada época. Los talleres se renuevan periódicamente y la invitación continúa abierta para toda la comunidad. En tiempos en que muchas familias buscan alternativas laborales y nuevas fuentes de ingreso, enseñar un oficio puede significar mucho más que entregar un certificado: puede convertirse en el primer paso hacia el trabajo independiente, la dignidad económica y el ascenso social. Ese es, probablemente, el mayor patrimonio construido por esta institución durante casi cuatro décadas.
