Belén Domínguez, vecina del barrio Perpetuo Socorro y madre a cargo de una niña, cerró agosto con una transformación esencial en su hogar: recibió oficialmente un baño completo, las conexiones a las redes de agua y cloacas y la documentación necesaria para avanzar con la instalación eléctrica domiciliaria. La respuesta fue posible mediante la articulación entre Desarrollo Social, Obras y Servicios Públicos, el área eléctrica municipal, referentes barriales y vecinos. El intendente Dante Velázquez y la responsable de Desarrollo Social, Analía Mur, acompañaron la entrega y reivindicaron la unidad comunitaria como herramienta para llegar donde existe una necesidad concreta.

Hay obras que pueden medirse en millones de pesos y otras cuyo verdadero tamaño sólo puede comprenderse mirando la vida que modifican. En el barrio Perpetuo Socorro, en la zona sudeste de La Quiaca, la situación de Belén Domínguez llegó a conocimiento de la Secretaría de Desarrollo Social, conducida por la licenciada Analía Mur. A partir de un relevamiento en territorio comenzó una intervención destinada a resolver necesidades básicas de una vivienda donde Belén sostiene su hogar y tiene bajo su responsabilidad a una niña. El objetivo no fue entregar una ayuda circunstancial, sino incorporar condiciones elementales de dignidad: baño, saneamiento, agua y electricidad.
El trabajo involucró a distintas áreas municipales. Desarrollo Social coordinó la intervención; personal de Obras y Servicios Públicos avanzó con la construcción e instalación integral del baño; se concretó la vinculación a la red cloacal y de agua, mientras que el área eléctrica trabajó sobre los requerimientos necesarios para que la familia pueda acceder formalmente al servicio. Como parte de ese proceso, el intendente entregó a Belén la habilitación de los planos, paso indispensable para continuar con la instalación domiciliaria ante EJESA. La gestión muestra el valor de un Estado municipal capaz de detectar una vulnerabilidad y coordinar distintas dependencias hasta convertirla en una solución.

Pero la experiencia también tuvo un fuerte componente comunitario. El presidente del barrio, Mario Vilte, participó del relevamiento y acompañamiento, mientras vecinas colaboraron durante el proceso. Allí aparece quizá uno de los aspectos más importantes de la intervención: la justicia social no como una consigna abstracta, sino como la unión entre Estado, organizaciones barriales y comunidad alrededor de una persona que necesita una respuesta. Tener agua, saneamiento, electricidad y un baño adecuado no debería constituir un privilegio; son condiciones mínimas para vivir con dignidad.

Al finalizar agosto, el intendente Dante Velázquez, acompañado por Analía Mur, llegó hasta el hogar para formalizar la entrega. El momento adquirió además una profunda significación cultural. En el cierre del mes de la Pachamama, Belén y sus vecinas realizaron una reverencia y chayada a la Madre Tierra frente a la vivienda, uniendo el agradecimiento por lo conseguido con las costumbres ancestrales que forman parte de la identidad de La Quiaca y de la Puna.

Velázquez cerró la jornada convocando al diálogo y a la unidad entre los vecinos. La escena dejó una definición sencilla sobre cuál puede ser el verdadero impacto de una gestión pública: cuando una necesidad concreta encuentra respuesta, el presupuesto deja de ser un número y se convierte en calidad de vida. Para Belén y su hija, agosto terminó con algo mucho más importante que una obra física: terminó con derechos básicos incorporándose definitivamente a su hogar. Y allí es donde la expresión “justicia social” encuentra su dimensión más concreta: que el lugar donde nace o vive una persona no determine si puede acceder o no a condiciones elementales de dignidad.
