En el marco del Primer Encuentro de Maestros Rurales realizado en el Complejo Cultural Manka Fiesta, el director Omar Jesús Correa compartió un testimonio cargado de emoción sobre una vida dedicada a la docencia rural. A punto de jubilarse, recordó los kilómetros recorridos, la convivencia lejos de la familia y la satisfacción de ver crecer profesionalmente a quienes alguna vez fueron sus alumnos.
El Primer Encuentro de Maestros Rurales de la Región 1 dejó en La Quiaca testimonios que permitieron comprender, desde la experiencia concreta, qué significa enseñar en territorios alejados. La jornada se desarrolló en el Complejo Cultural Manka Fiesta, con el intendente Dante Velázquez como anfitrión y el acompañamiento de supervisores, directivos y equipos educativos de la Región 1. Entre las voces que marcaron el encuentro estuvo la del director Omar Jesús Correa, quien resumió décadas de docencia rural con un relato atravesado por el sacrificio, la distancia y, sobre todo, por la emoción de comprobar que ese esfuerzo deja frutos.
Correa explicó que el encuentro reunió a alrededor de 35 escuelas rurales de la zona, en una jornada que incluyó el acto protocolar, reconocimientos a docentes, directores y supervisores jubilados, además de un almuerzo compartido. Agradeció especialmente a la Municipalidad de La Quiaca y al intendente Dante Velázquez por facilitar el espacio del Manka Fiesta para la realización de una actividad que nació como un reconocimiento a quienes sostienen cotidianamente la educación en la ruralidad.
Su historia personal permitió ponerle rostro a esa realidad. Correa contó que es oriundo del Ramal, de San Pedro de Jujuy, y que durante su trayectoria trabajó en distintos puntos de la provincia, entre ellos Palma Sola y Valle Grande, hasta llegar a la Puna para completar su carrera. “Siempre fui rural”, expresó. A punto de jubilarse, recordó que muchas veces el trabajo docente implica viajar los domingos y regresar recién los viernes, permanecer durante toda la semana lejos de casa y recorrer cientos de kilómetros para poder cumplir con la tarea.
Uno de los pasajes más profundos de su testimonio apareció cuando describió el lugar que muchas veces ocupa el maestro rural en la vida de los niños. Explicó que en distintas comunidades los padres deben salir muy temprano a trabajar, al campo, a cuidar animales o realizar tareas productivas, y que en esos momentos el docente se convierte también en una referencia afectiva cotidiana. “Nosotros ocupamos ese espacio que ellos no tienen por razones laborales”, relató. En la Puna, agregó, las condiciones son diferentes por el frío y las actividades de pastoreo, pero permanece el mismo principio: recibir y acompañar a los chicos con cariño, además de enseñar.
La emoción terminó de imponerse cuando Correa habló de sus exalumnos. Contó que hoy tiene antiguos estudiantes que se recibieron de médicos y abogados, jóvenes que comenzaron su formación precisamente en escuelas rurales. Recordó especialmente la reciente bienvenida a un exalumno de Palma Sola que regresó convertido en médico. Al preguntarle qué sintió frente a ese momento, su respuesta fue breve y contundente: “Una emoción muy grande. Tarea cumplida”. Allí quedó sintetizado el sentido de una carrera entera: comprobar que detrás de cada viaje, cada ausencia, cada dificultad y cada aula sostenida en lugares alejados existe la posibilidad concreta de cambiar una vida.
La experiencia de Correa dialogó con el espíritu general del encuentro. Durante la misma jornada, la supervisora Paulina Quispe definió la docencia como un acto de “valentía, amor y convicción social”, mientras que el intendente Dante Velázquez reivindicó el aporte de los maestros rurales y cuestionó los centralismos que muchas veces olvidan el trabajo que se realiza en el interior. Correa dejó finalmente un mensaje para quienes recién comienzan ese camino: “Que nunca bajen los brazos”. Reconoció que siempre aparecen “piedritas en el camino”, pero invitó a correrlas a un costado y seguir adelante. Su relato convirtió el Primer Encuentro de Maestros Rurales en algo más que un homenaje: fue también el reconocimiento a generaciones de docentes que hicieron de la distancia una vocación y de cada alumno, una esperanza.
