La ciudad de La Quiaca se viste de fiesta para celebrar un acontecimiento trascendental en su comunidad cristiana. Iván Leiva, un joven misionero claretiano, dará el primer paso hacia el sacerdocio al ser ordenado diácono en una emotiva ceremonia programada para el sábado 15 de marzo a las 11 de la mañana. Se trata de un momento de profunda espiritualidad y gratitud, tanto para Iván como para la comunidad religiosa que lo ha acompañado en su camino vocacional.
La elección de La Quiaca como escenario de su ordenación no es casualidad. Iván ha pasado los últimos tres años en la región, compartiendo su vida con los fieles, aprendiendo de su cultura y fortaleciendo su misión evangelizadora. “Podía haber elegido otro lugar para esta celebración, pero quiero hacerlo aquí, como muestra de agradecimiento a todos los quiaqueños y a quienes me han acompañado en este proceso”, expresó el futuro diácono con emoción.
El ministerio diaconal es una etapa fundamental antes del sacerdocio. Iván, en su nuevo rol, podrá celebrar bautismos, matrimonios y otros sacramentos, además de continuar con su labor de servicio dentro de la comunidad parroquial. Sin embargo, aún no podrá consagrar la eucaristía, ya que esta es una función reservada para los sacerdotes. “Falta muy poco para el ministerio sacerdotal, así que este es un paso más en mi camino”, señaló.
La celebración no solo contará con la presencia del obispo de la prelatura de Humahuaca, sino que también reunirá a hermanos misioneros de distintas provincias argentinas y de países como Chile, Uruguay, Paraguay, Filipinas y algunas regiones de África. Se espera la asistencia de más de 300 personas, lo que refleja el cariño y el reconocimiento de la comunidad hacia Iván y su compromiso con la fe.
El evento está previsto para realizarse al aire libre, en las escalinatas de la parroquia, convirtiéndose en una celebración abierta a toda la comunidad. “Recemos para que no llueva, pero si lo hace, igual celebraremos con alegría”, afirmó Iván, destacando el espíritu inquebrantable de la comunidad.
Tras su ordenación, Iván se trasladará a Florencio Varela, Buenos Aires, donde continuará su misión religiosa. No obstante, su paso por La Quiaca dejará una huella imborrable. “Me llevo los rostros de cada persona, su generosidad y solidaridad. Aquí aprendí el verdadero significado del servicio”, expresó con nostalgia.
Esta ordenación diaconal no solo es un hito en la vida de Iván, sino también una fuente de inspiración para los jóvenes de La Quiaca y alrededores. “Es un testimonio para que muchos se animen a cuestionarse sobre su vocación”, destacó la hermana Pascua, de la comunidad de las Hermanas Mercedarias de la Caridad. La fe sigue viva en La Quiaca, y esta celebración es una prueba de ello.
