En una ciudad donde el frío cala los huesos y las distancias desafían la conectividad, existe una voz que no se apaga. Una señal que atraviesa cerros, valles y fronteras; que acompaña madrugadas, alumbra caminos y construye comunidad: Radio Nacional La Quiaca. Hoy cumple 58 años, y no se trata solo de una fecha en el calendario: se trata de un acto de soberanía, de comunicación con alma y de resistencia cultural.
La locutora Liliana Díaz, reconocida locutora y referente local, lo expresó con una mezcla de emoción y orgullo:
“Te podés imaginar que se trata de una montaña rusa de emociones, pero pese a todas las dificultades seguimos adelante. Esta es una radio que traspasa fronteras, no tenemos idea de hasta dónde llega su importancia.”
Y es cierto: desde el corazón de la Puna, esta emisora no solo informa, educa y entretiene, sino que también marca identidad, crea pertenencia y amplifica las voces del pueblo profundo.
La radio que es del pueblo
En su mensaje, Alejandro Laureano, histórico trabajador de la emisora, fue directo al grano:
“La radio no es nuestra. Es de la gente. De la mamá que se levanta temprano, del trabajador de la mina, del campesino en las alturas. Nosotros solo estamos de paso.”
Su testimonio resuena como un manifiesto de dignidad: la radio es una propiedad colectiva, y como tal debe ser defendida de los intentos de desfinanciamiento, silenciamiento o centralización. “Nos están dejando sin espacios al aire. Todo está ocupado por Buenos Aires. Queremos recuperar el aire que le pertenece a la comunidad”, denuncia Alejandro con firmeza.

No es un reclamo sectorial, sino una interpelación política sobre el sentido mismo de lo público. La defensa de Radio Nacional La Quiaca no es un gesto corporativo, es un acto de soberanía comunicacional en un territorio históricamente marginado.
58 años haciendo patria desde el norte
La Quiaca no es una ciudad cualquiera: es frontera, es puerta, es símbolo. Y que desde allí haya nacido una filial de Radio Nacional no es casualidad. Fue y sigue siendo una forma de hacer patria, de extender la presencia del Estado nacional allí donde el mercado no llega, donde los grandes medios no se detienen, donde el olvido suele instalarse.
Liliana lo dijo claro:
“La radio la hace la gente. Con frío, con escasez, con esfuerzo. Es una gran familia donde todos los días compartimos lo que depara la vida.”
Y Alejandro completó:
“La radio fue escuela. Muchos jóvenes de la zona dieron sus primeros pasos acá. Por eso queremos que no se pierda, que vengan nuevas generaciones con ese mismo compromiso.”
Más que una emisora: una institución noble y esencial
Radio Nacional La Quiaca no solo transmite noticias o música. Transmite valores, resistencia, cultura viva y memoria. En sus micrófonos se han contado historias que no figuran en los portales. Se han denunciado injusticias que nadie más escuchó. Se han celebrado fiestas que no salen en la televisión. Porque la radio pública tiene esa misión profunda: hablar con y para su comunidad.
Este nuevo aniversario es también un llamado a cuidarla, a exigir políticas públicas que la fortalezcan, a garantizar que sus trabajadores no sean descartados, y a promover una comunicación federal, inclusiva y participativa.
Un aniversario y una bandera
En este 25 de mayo, día de la patria, celebrar los 58 años de Radio Nacional La Quiaca es también celebrar una forma de construir Nación desde los márgenes, desde el barro, desde el viento y la altura.
Porque en el norte, cada palabra dicha al aire es una semilla sembrada contra el olvido.
Porque en la frontera, cada oyente es un custodio de la identidad.
Porque Radio Nacional La Quiaca no es solo una emisora:
es un pilar de soberanía comunicacional, una casa del pueblo, una voz que no se calla.
