En una mañana fría pero colmada de sonrisas, color, afecto y comunidad, la ciudad de La Quiaca se vistió de fiesta para conmemorar el Día de las Maestras Jardineras y el Día de los Jardines de Infantes. Desde muy temprano, los niños llegaron acompañados por sus docentes y familias para compartir una jornada que reafirmó la importancia de la educación inicial como pilar de amor y formación.
El Desarrollo Social del Municipio tuvo una destacada participación en el evento, acompañando a los más pequeños con un desayuno especial que incluyó chocolate caliente y masas caseras, símbolo de abrigo y cuidado en una jornada donde el clima no logró opacar el calor humano.

“Queríamos estar presentes en este día tan especial, tanto para las maestras jardineras como para los jardineritos”, expresó Marielena, referente del área social municipal, quien destacó el esfuerzo colectivo detrás de la preparación del chocolate que, según relató, fue repetido con entusiasmo por muchos niños.
La celebración fue aún más significativa por la participación de niños y docentes de zonas rurales, quienes fueron recibidos con especial atención y afecto. La llegada de estos grupos fue destacada como un gesto de inclusión que honra la diversidad geográfica y social del territorio puneño. “Los esperábamos con el chocolate calentito y fue hermoso ver sus caritas felices”, comentó Anelia, visiblemente emocionada.
Durante el encuentro, la comunidad educativa hizo sentir su cariño y agradecimiento. Las maestras jardineras, protagonistas silenciosas de las primeras enseñanzas, recibieron aplausos y sonrisas como reconocimiento a su labor diaria. Este día, más allá de ser una celebración, fue un acto simbólico que reconoció su papel como formadoras del alma infantil.
También fue una oportunidad para que el municipio, a través de sus diferentes áreas, reafirme su compromiso con la infancia. El acto de servir un chocolate se convirtió en una acción cargada de sentido: es brindar calor, cuidado, afecto y reconocimiento. En palabras de Anelia: “Fue una manera de dar afecto, de llegar a cada niño y docente con un pequeño gesto lleno de amor”.
En La Quiaca, donde la altura y el frío son parte de la vida cotidiana, la calidez está en las acciones. Este tipo de encuentros reflejan cómo el acompañamiento institucional, cuando se basa en la empatía y el compromiso, puede transformar una simple mañana en un recuerdo inolvidable para niños y grandes.
Porque formar desde el jardín es sembrar para siempre. Porque educar en la ternura es construir comunidad. La Quiaca celebró con amor, respeto y alegría.
