En un acto colmado de emociones, colores y memoria histórica, la joven estudiante Gisell Zamudio Laureano de la unidad educativa “M.Q.S.A.” se convirtió en el alma viva de los festejos por los 200 años de la independencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Fue en Villazón, la ciudad fronteriza que respira historia y resistencia, donde Gisell declamó con fuerza y dulzura la poesía “Cantada en Rojo, Amarillo y Verde” del poeta Orlando Rojas, y logró conmover a toda una comunidad reunida para honrar dos siglos de lucha, cultura e identidad.
Su interpretación no fue simplemente una lectura. Fue un acto de amor a la patria. Gisell supo encarnar en cada palabra esa Bolivia que “es la sonrisa de los niños, la integridad de nuestra juventud, la experiencia del anciano”; esa Bolivia que camina entre las sampañas y taquiraris, entre Adela Zamudio y Gladys Moreno, entre el pensamiento firme de Franz Tamayo y la ternura de los pueblos originarios.

Una poesía que abrazó dos siglos de historia
La obra, escrita como un canto visceral al alma boliviana, se transformó en la voz de una nueva generación que no olvida el pasado, que honra a Bartolina Sisa, a Juana Azurduy, a Túpac Katari, y que mira el futuro con firmeza. Gisell, en su puesta en escena, llevó el poema al nivel de símbolo patrio, uniendo versos con lágrimas contenidas, con gestos sobrios y al mismo tiempo vibrantes, mientras los colores de la bandera flameaban al ritmo de su voz.
“Así como creo en Dios, señores, así creo en mi patria…”, pronunció con un tono que sacudió la conciencia de quienes la escuchaban. En un país que ha sabido reinventarse, que se nombra a sí mismo como Estado Plurinacional en un gesto de justicia histórica, este tipo de manifestaciones artísticas son mucho más que actos escolares: son actos de reafirmación política, cultural y emocional.

Un símbolo vivo de la Bolivia que resiste y sueña
Cada frase declamada por Gisell fue una piedra fundacional del presente. “Patria, patria es su unidad, paz, trabajo, poema, canto e historia”, dijo, como si hablara por millones de bolivianas y bolivianos que forjaron este Bicentenario con el esfuerzo colectivo de generaciones. Su interpretación nos recuerda que la libertad no es un hecho cerrado, sino una construcción diaria.
El público no sólo aplaudió; se puso de pie conmovido, entendiendo que allí, en esa niña, en esa poesía, vive el espíritu de la Patria Grande. Y que esa patria, tan invocada por Simón Bolívar, Sucre y San Martín, sigue latiendo en cada acto que reivindica la dignidad, la memoria y la diversidad de nuestros pueblos.
Gisell, voz de la nueva Bolivia
El Bicentenario no será recordado únicamente por discursos o desfiles. Será recordado por el momento en que Gisell, con su voz clara y valiente, le cantó a su patria y nos invitó a todos a declararle un amor inquebrantable, a verla en los ojos de los niños, en los pueblos originarios, en los campos y en los cerros.
Villazón y La Quiaca, unidas en este abrazo binacional, fueron testigos del mensaje de una juventud consciente, de una Bolivia que se celebra cantando en rojo, amarillo y verde, pero que también se piensa, se construye y se proyecta con orgullo al mundo.
