El bioquímico Alfredo López remarca que hoy no alcanza con “controlarse de vez en cuando”: el embarazo requiere un seguimiento clínico y de laboratorio sistemático, antes, durante y después del nacimiento. En La Quiaca, donde muchas familias conviven con frío intenso, alturas extremas y dificultades de acceso a especialistas, los análisis de laboratorio se vuelven una herramienta decisiva para prevenir complicaciones tanto en las mamás como en los bebés.
López explica que el acompañamiento comienza antes o apenas se confirma el embarazo. En esa instancia, los análisis de sangre y orina permiten detectar anemia, infecciones urinarias, niveles de glucosa alterados, problemas tiroideos y enfermedades transmisibles como sífilis, hepatitis o VIH. “Cada resultado que se obtiene a tiempo es una complicación que se evita más adelante”, señala el profesional.
Durante el embarazo, los controles periódicos ayudan a monitorear cómo responde el organismo de la madre a los cambios fisiológicos: presión arterial, función renal, riesgo de diabetes gestacional y calidad de la coagulación, entre otros parámetros. “En altura, como en La Quiaca, el cuerpo trabaja distinto. Por eso es clave medir, no suponer. El laboratorio no adivina: confirma, descarta y orienta decisiones médicas”, enfatiza López.
El bioquímico subraya que los análisis no solo apuntan a la salud de la madre: el bebé también se beneficia directamente. Cuando se detecta una infección o un problema metabólico a tiempo, el equipo de salud puede ajustar medicación, dieta o controles para reducir el riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer o infecciones neonatales. “Cada embarazo bien controlado es un nacimiento con más chances de ser sano”, resume.
Tras el parto, la tarea del laboratorio continúa. En los recién nacidos, los estudios básicos permiten identificar anemia, ictericia significativa, infecciones y, según la disponibilidad, realizar pesquisas neonatales (como la detección temprana de algunas enfermedades metabólicas u hormonales). “Es el momento en que una gotita de sangre puede cambiar una vida, porque un diagnóstico temprano permite iniciar tratamientos antes de que aparezcan daños irreversibles”, explica López.

En el caso de las mamás, el período de posparto también requiere controles: niveles de hierro y hemoglobina, función tiroidea, glucemia y, cuando corresponde, seguimiento de infecciones o complicaciones previas. “Muchas veces la madre se concentra tanto en el bebé que se olvida de sí misma. El mensaje es claro: para cuidar bien al bebé, primero hay que cuidar a la mamá”, insiste el bioquímico.
López destaca además la importancia de no automedicarse y de llevar siempre los resultados de laboratorio a las consultas médicas. El laboratorio no reemplaza al médico, pero le da información objetiva para ajustar tratamientos y decidir derivaciones. “Somos parte del mismo equipo de salud: médico, bioquímico, enfermería y familia”, remarca.
Finalmente, el profesional llama a las familias de La Quiaca a no postergar estudios por miedo, vergüenza o falta de información. Muchos análisis son simples, rápidos y pueden marcar la diferencia entre un embarazo de alto riesgo y un embarazo controlado. “En una ciudad de frontera, con realidades sociales complejas, el laboratorio es una herramienta de justicia sanitaria: iguala oportunidades porque permite prevenir, no solo llegar cuando el problema ya explotó”, concluye López.
