La Quiaca dejó de hablar de promesas y empezó a mostrar obras concretas. El intendente Dante Velázquez, junto al rector de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), Mario Bonillo, y la vicerrectora Liliana Bergesio, recorrieron el futuro Centro Cultural de la ciudad, una construcción de escala provincial que ya se perfila como el nuevo faro educativo y artístico del norte argentino.
El mandatario quiaqueño presentó a las autoridades universitarias cada uno de los espacios que conformarán este complejo: anfiteatro, salas de cine y teatro, museo, salas de exposición, confitería, patio gastronómico y un moderno centro inteligente para producción de contenidos. “Esto ya no es un centro cultural; es un complejo cultural de magnitud inédita en Jujuy”, destacó Velázquez, subrayando que no existe otra obra de esta escala en la provincia.
Uno de los anuncios más relevantes fue la confirmación de que la UNJu tendrá un espacio propio dentro del edificio. No se trata de un gesto simbólico, sino de una decisión estratégica: la universidad pública instalará en la frontera un nodo permanente para actividades académicas, extensión, investigación y propuestas culturales alternativas que acerquen nuevas carreras y herramientas a los jóvenes de La Quiaca y la región.
Velázquez recordó que esta decisión es hija de un proceso que comenzó tiempo atrás, cuando junto a Bonillo y al equipo universitario pensaron cómo “bajar” las políticas educativas a cada territorio. De allí surgió el programa “UNJu Conecta en Territorio”, declarado de interés educativo municipal, que hoy permite que estudiantes de las escuelas secundarias de la ciudad conozcan de primera mano la oferta de la universidad y las posibilidades de formación presencial y virtual.

“El mejor legado que podemos dejar a nuestros chicos es la oportunidad de estudiar. Eso se llama movilidad social ascendente”, afirmó el intendente, reivindicando el rol de la universidad pública en la vida de quienes nacen lejos de los grandes centros urbanos. “Muchas veces, por falta de información o por las distancias, nuestros jóvenes creen que sólo les queda buscar un trabajo público, ingresar a una fuerza de seguridad o irse. La presencia de la UNJu acá demuestra que hay alternativas y que La Quiaca también puede ser puerta de entrada al conocimiento”.
El jefe comunal fue más allá y vinculó la obra con la identidad profunda de la ciudad: “La Quiaca es tierra de todos. Somos la puerta norte de la Argentina y este complejo cultural tiene que ayudarnos a encontrar y contar nuestro ADN: de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”. Por eso insistió en que el edificio no será sólo un contenedor de actividades, sino un instrumento para investigar, preservar y proyectar las raíces culturales de la frontera.

Tanto Bonillo como Bergesio se mostraron impactados por la magnitud de la infraestructura y por la decisión política de reservar un lugar central para la universidad en el corazón del proyecto. Coincidieron en que el futuro complejo se convertirá en un ícono para la cultura jujeña, un punto de encuentro entre arte, educación y comunidad, y se comprometieron a profundizar la presencia de la UNJu en La Quiaca con nuevas propuestas formativas y de extensión.
Mientras el edificio avanza y comienza a tomar forma, el mensaje que sale desde el borde del país hacia el resto de Jujuy es claro: en tiempos de ajuste y recorte, La Quiaca apuesta a más Estado presente en cultura y educación, y elige como socio estratégico a la universidad pública.
