Vecinas del barrio Las Lomas, en la zona oeste de La Quiaca, rompieron el silencio y llevaron al despacho municipal una denuncia que arrastra siete años de abandono, promesas incumplidas y vida en absoluta precariedad.
Noemí Condori y Acho Fabiola, presidenta del barrio, relataron en las audiencias de los miércoles cómo los dueños de los terrenos vendieron las parcelas con la promesa de instalar agua, luz y cloacas, pero nunca ejecutaron las obras. Hoy, en apenas cuatro manzanas, unas 60 familias sobreviven sin acceso pleno a los servicios básicos, dependiendo de conexiones provisorias y soluciones caseras que ponen en riesgo la salud y la seguridad de todos.
Las vecinas se presentaron ante el intendente Dante Velázquez con la documentación en mano: denuncia formal y carta documento contra los loteadores que incumplieron sus compromisos. En ese contexto, solicitaron la intervención del Ejecutivo para comenzar un proceso de regularización que permita al barrio salir de la clandestinidad de los papeles y de la precariedad en la que fue dejado.

“Que Dios lo ayude al intendente para resolver este problema”, expresó entre lágrimas una de las vecinas, sintetizando la mezcla de agotamiento y esperanza que atraviesa a las familias de Las Lomas.
“Tenemos esperanza de que esto se va a solucionar con la ayuda del intendente”, agregó otra referente barrial.

Velázquez escuchó el planteo, tomó nota del detalle de la estafa y se comprometió a trabajar junto a las áreas técnicas del Municipio y a los organismos provinciales correspondientes para diseñar una salida integral: relevamiento lote por lote, gestiones para la provisión gradual de agua, energía y cloacas, y acompañamiento jurídico frente a los responsables de la venta irregular de terrenos.
El caso de Las Lomas expone una práctica que se repite en distintas ciudades de la provincia: loteos privados que avanzan sin respetar la Ley de Loteo, sin infraestructura mínima y sin garantía de servicios. La diferencia, en este punto, es que el barrio decidió organizarse, denunciar y golpear la puerta del municipio exigiendo una respuesta institucional.
Para las 60 familias que viven allí, cualquier avance será más que una obra: significará recuperar la dignidad que les fue negada cuando se les vendió un terreno “con todo incluido” y terminaron levantando sus casas en un barrio sin agua segura, sin luz regularizada y sin cloacas.
Si el compromiso asumido en las audiencias se transforma en obras concretas, Las Lomas puede convertirse en símbolo de que la estafa no tiene la última palabra y que, con organización vecinal y decisión política, también los barrios más vulnerados pueden empezar a escribir otra historia.
