La Quiaca, 24 de febrero del 2026 // Javier Ezequiel Nari, oriundo de Ciudadela (Buenos Aires), eligió vacacionar en La Quiaca y participó del café literario en el Hotel de Turismo junto a reconocidos escritores locales. Maravillado por la cultura, los sabores y la calidez humana, aseguró: “Mis amigos me dicen que soy el único porteño que vacaciona en La Quiaca”.
La Quiaca no solo celebra su historia: también conquista corazones. En plena temporada de aniversario, la ciudad recibió a Javier Ezequiel Nari, visitante proveniente de Ciudadela, provincia de Buenos Aires, quien decidió quedarse varios días para conocer en profundidad la cultura, la historia y la identidad de la frontera norte.
“Estoy pasando unos días muy hermosos, conociendo los paisajes, la cultura y la historia de La Quiaca”, expresó Javier, quien ya había pasado anteriormente por la ciudad, aunque solo de manera fugaz. Esta vez eligió detenerse, recorrer y dejarse sorprender.
Entre excursiones panorámicas, sabores regionales y la magia de la puna —incluyendo una visita destacada a Bar Sabores— Javier decidió dar un paso más: sumergirse en la literatura quiaqueña participando del tradicional café literario en el Hotel de Turismo.

Allí compartió mesa con reconocidos referentes culturales de la ciudad como la licenciada Mirtha Moscoso, Sandro Quispe y Mario Fidel Tolaba. El intercambio giró en torno a autores regionales, proyectos literarios en marcha y el próximo encuentro cultural previsto en el marco de la Manka Fiesta.
“A mí me gusta mucho leer y escribir. Escribo poesía desde hace tiempo y el año pasado empecé con narrativa. Cuando me enteré del café literario, quise vivir la experiencia en un lugar que estoy descubriendo”, contó Javier, quien destacó la calidez con la que fue recibido.
Durante el encuentro, los escritores locales le compartieron información sobre autores de la región, recopilaciones de textos y el valor cultural de la Manka Fiesta, celebración ancestral que busca mayor reconocimiento institucional. Javier, curioso y entusiasmado, aseguró que investigará más sobre esta tradición y que incluso le gustaría escribir sobre su experiencia en La Quiaca.
Más allá de los paisajes y la literatura, lo que más lo impactó fue la dimensión humana de la ciudad. “En Buenos Aires muchas veces sos un anónimo. Acá se nota el conocimiento que hay entre la gente, la comunidad, la forma de relacionarse. Eso me gusta mucho”, reflexionó.
Con humor, comentó que sus amigos suelen decirle que es “el único porteño que vacaciona en La Quiaca”, pero lejos de incomodarlo, esa elección lo llena de orgullo. Descubrió nuevos sabores, nuevas palabras —como el uso local de “changó”— y una forma distinta de vivir.
La Quiaca, puerta norte del país, vuelve a demostrar que no es solo un punto geográfico en el mapa: es identidad, cultura viva y comunidad. Y a veces, basta con animarse a cruzar la frontera del prejuicio para descubrir un mundo nuevo.
