La Quiaca, 25 de febrero del 2026 // En el marco del aniversario de la ciudad, la Municipalidad continúa con los homenajes en vida a vecinos destacados. La visita a Haydee Rodríguez emocionó a todos: la vecina respondió con coplas al firmamento, en un gesto de gratitud que selló una jornada donde la institución se puso, una vez más, al servicio de su gente.

Hay gestos que no figuran en los presupuestos ni en las ordenanzas, pero que construyen comunidad. En la antesala del 119° aniversario de La Quiaca, la Municipalidad volvió a salir al encuentro de sus vecinos para devolverles algo esencial: reconocimiento.

La visita de la Banda de Música, junto al personal de las áreas de Cultura, Desarrollo Social y Bromatología, transformó una jornada común en un momento inolvidable para Haydee Rodríguez, una de las vecinas homenajeadas. La escena fue simple y poderosa: la institución tocando la puerta de una ciudadana para agradecerle su trayectoria, su presencia, su aporte silencioso a la vida quiaqueña.

Y Haydee respondió como solo lo hacen quienes sienten profundamente su tierra: elevó coplas al firmamento para celebrar los 119 años de la ciudad. Un canto que mezcló memoria, identidad y pertenencia. Un gesto de gratitud invalorable que emocionó a quienes llegaron a reconocerla.

No fue un acto formal. Fue un abrazo institucional.
Desde hace tres años, bajo la gestión del intendente Dante Velázquez, estos homenajes en vida se han convertido en un sello distintivo. Más de 300 vecinos ya fueron agasajados por su aporte a la historia cotidiana de La Quiaca: amas de casa abnegadas, trabajadores de oficios, docentes, enfermeros, policías, porteros, comerciantes. Mujeres y hombres que, sin ocupar titulares, sostuvieron la ciudad con esfuerzo y perseverancia.

La decisión política es clara: la Municipalidad no solo administra, también reconoce. No solo ejecuta obras, también rescata valores. Porque una ciudad no es únicamente infraestructura; es memoria viva, es identidad compartida.
El gesto hacia Haydee Rodríguez sintetiza el espíritu de estas jornadas: devolverle a cada vecino una caricia institucional, un “gracias” dicho con música, presencia y respeto. Y al mismo tiempo, reafirmar que quienes gobiernan también son vecinos, también caminan las mismas calles y también están llamados a estar a la altura de las expectativas de su comunidad.

En tiempos donde la distancia entre instituciones y ciudadanos suele agrandarse, La Quiaca eligió achicarla. Con una banda que toca en las puertas, con funcionarios que escuchan historias, con coplas que vuelan hacia el cielo puneño.
Porque celebrar 119 años no es solo contar el tiempo. Es honrar a quienes lo hicieron posible.
