La Quiaca, 26 de febrero del 2026 // A solo dos días del 119° aniversario de la fundación de La Quiaca, el arquitecto Miguel Alabí regresó a la ciudad que marcó su historia familiar. Recibido por el intendente Dante Velázquez, recorrió el nuevo complejo cultural y dejó un mensaje cargado de emoción, identidad y futuro: “Felicidades a La Quiaca de todo corazón”.
La Quiaca vivió una jornada profundamente emotiva. Después de muchos años, el arquitecto Miguel Alabí, de ascendencia siria y con raíces entrañables en esta tierra fronteriza, volvió a caminar sus calles. Lo hizo acompañado por su esposa, con el corazón lleno de recuerdos y con la mirada puesta en el presente transformador de la ciudad.
El mandatario quiaqueño lo recibió en el despacho municipal, en un encuentro que combinó historia, identidad y visión de futuro. La visita ocurre en un momento simbólico: la ciudad se prepara para celebrar sus 119 años de fundación, y el regreso de uno de sus hijos adoptivos fue leído como una señal de reencuentro con la memoria viva.
Una ciudad que crece y emociona
Como profesional de la arquitectura, Miguel no pudo ocultar su admiración por el nuevo complejo cultural que se construye en la ciudad. Destacó la calidad de los materiales, el diseño y el nivel técnico de la obra. Pero fue más allá de lo técnico: interpretó la infraestructura como un símbolo.
“Este edificio va a permitir que muchas cosas cambien”, expresó con convicción. Subrayó que espacios como el cine, teatro, restaurante y áreas culturales posicionan a La Quiaca como una ciudad fronteriza moderna, con identidad propia y proyección regional.

Su esposa también hizo hincapié en la calidad constructiva y en el salto cualitativo que representa la obra para la comunidad. Ambos coincidieron en valorar la visión estratégica del intendente Dante Velázquez, a quien Miguel felicitó públicamente por “dar el paso que desde hace mucho tiempo se venía demorando”.
Raíces sirias, corazón quiaqueño
La historia de Miguel Alabí es también la historia de la inmigración que nutrió al norte argentino. Su abuelo llegó desde Siria escapando de la guerra, se enamoró de esta tierra que le recordaba a Alepo y Damasco, y aquí se quedó hasta el final de sus días. Está sepultado en el cementerio local, donde el arquitecto anunció que lo visitará.

“Mi corazón está en La Quiaca”, afirmó con emoción. Su padre, nacido aquí, llevó el mismo nombre que él. Esa continuidad generacional es, para Miguel, un lazo irrompible.
La Quiaca que fue y la que es
En diálogo con nuestro medio, el arquitecto hizo un recorrido histórico sobre los orígenes de la ciudad, recordando que hacia 1870 un grupo de pobladores provenientes de Humahuaca se asentó en este punto estratégico de frontera, donde pasaban las rutas comerciales hacia el Alto Perú.
Rememoró también anécdotas entrañables: el Club Juvenil, las fiestas de carnaval, las juntadas comunitarias y aquella inolvidable celebración del Mundial 1986, cuando Argentina se consagró campeona y las calles de La Quiaca vibraron junto a Bolivia en un festejo compartido.
“Radio Nacional era todo”, recordó, evocando aquellos tiempos donde la comunicación era más artesanal pero no menos intensa.

Un mensaje que abraza a la ciudad
Miguel Alabí no ocultó su alegría por ver a La Quiaca en movimiento. Destacó el potencial turístico, cultural y natural de la región: ríos, pampas, fauna autóctona y riqueza histórica. Señaló que la ciudad está viviendo una etapa que honra su condición de puerta del país.
Antes de despedirse dejó un mensaje simple y poderoso:
“Felicidades a La Quiaca de todo corazón”.
Sus palabras, pronunciadas con serenidad y emoción, resonaron como un abrazo colectivo en la antesala del aniversario.
La Quiaca no solo celebra años. Celebra memoria, identidad y destino compartido. Y en ese entramado de historia y futuro, el regreso de Miguel Alabí fue una señal luminosa de que las raíces profundas siempre encuentran el camino de regreso.
